Evangelio: don para compartir

María Estela Monterrosa
mmonterrosa@elecocatolico.org

¿Es usted creyente?, ¿y se considera misionero? Al iniciar el mes de octubre, mes que la Iglesia dedica al tema de las misiones, es oportuno reflexionar sobre el significado de ser misionero y las formas en que un cristiano cumple el llamado: “Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo” (Jn 20, 21).

En su mensaje para la Jornada Mundial de las Misiones, el Papa Benedicto XVI afirma que después de dos mil años, “aún hay pueblos que no conocen a Cristo y no han escuchado aún su Mensaje de salvación” y agrega que es “cada vez mayor la multitud de aquellos que, aun habiendo recibido el anuncio del Evangelio, lo han olvidado y abandonado, y no se reconocen ya en la Iglesia”.

Ante este panorama, recuerda a los cristianos la corresponsabilidad de todos: “La misión universal implica a todos, todo y siempre. El Evangelio no es un bien exclusivo de quien lo ha recibido; es un don que se debe compartir, una buena noticia que es preciso comunicar. Y este don – compromiso está confiado no sólo a algunos, sino a todos los bautizados”.

Servidores en la Misión

Para el sacerdote Jafet Peytrequín, licenciado en misionología de la Universidad Urbaniana de Roma, la misión es de Dios, quien “constantemente nos busca para hacernos participar de su misterio de amor”. El creyente que entra en esa dinámica se hace servidor de esta misión. Es decir, “el hecho de ser cristiano me hace participar en la misión de Dios”.

Agregó que la misión se manifiesta a través de diferentes formas: el testimonio auténtico, el compromiso con la justicia y la paz, la participación en la vida de Iglesia, la maduración de la fe y la actividad misionera.

El testimonio auténtico es el que representa el anhelo de ser consecuente con el proyecto de Dios, “no es de perfección, porque los seres humanos somos imperfectos”, dijo Peytrequín.

La participación en la vida de Iglesia abarca el plano litúrgico, la oración y las experiencias de reconciliación. Al asumir el camino de maduración permanente de la fe, la persona busca itinerarios de vida cristiana y entiende que esa vida no es de individualidad, sino de comunidad.

La actividad misionera es una expresión del amor universal de Dios. “Cuando una persona siente la necesidad de ir a anunciar el Evangelio donde todavía no se conoce, es porque entiende que el amor de Dios es universal y tiene como objetivo que todos se salven y lleguen al conocimiento de la verdad”, añadió.

“Esos diferentes modos de servir a la misión de Dios es lo que nos define como misioneros, no es una actividad externa a la vida del creyente, más bien es la condición del creyente”.

Llevando la Buena Nueva

Específicamente en cuanto a la actividad misionera, sean personas consagradas o no, la Iglesia ofrece diferentes espacios de servicio a través de las Obras Misionales Pontificias.

Esta institución comprende cuatro diferentes obras: Propagación de la fe, San Pedro Apóstol, Infancia y Adolescencia Misionera y Unión Misional, todas tienen el fin de apoyar la actividad de los misioneros en cada una de las Iglesias particulares.

“Cada obra intenta mantener en el pueblo de Dios el espíritu y compromiso misionero, son  espacios que dan la posibilidad a los bautizados de ejercer su vocación de misioneros de diferentes maneras”, afirmó el Pbro. Edgar Orozco, secretario ejecutivo de la Comisión Nacional de Misiones y director nacional de las Obras Misionales Pontificias.

Eso sí, no todas las Obras están presentes en todas las diócesis. “Cada diócesis tiene un director diocesano de Obras Misionales Pontificias, ellos son responsables de la animación y formación en su Iglesia particular”, añadió.

La Obra de la Propagación de la Fe tiene el objetivo de suscitar interés por la evangelización universal, especialmente en los evangelizadores parroquiales. Sus miembros se reúnen una vez al mes, participan activamente en el Domingo Mundial de las Misiones, DOMUND (próximo 23 de octubre), así como en cursos de formación, misiones populares y oran por los misioneros en el mundo.
La Juventud Misionera es una obra auxiliar de la anterior, tiene el objetivo de ayudar a los jóvenes a crecer en la fe católica y a realizar la propia vocación con espíritu misionero.
La Pontificia Unión Misional procura la formación e información misionera de los sacerdotes, religiosos, religiosas y personas de vida consagrada para buscar métodos pastorales mejor adaptados en cada comunidad y favorecer los intercambios fraternales.

La Unión de Enfermos Misioneros es una obra auxiliar de la Unión Misional, en este caso, los enfermos ofrecen su dolor por la salvación del mundo y el éxito de las misiones a través de la oración y el sacrificio.

La Obra San Pedro Apóstol tiene el objetivo de sensibilizar al pueblo cristiano sobre la necesidad de la formación de las vocaciones nativas en las Iglesias misioneras. Los miembros recolectan recursos económicos para el sostenimiento de sacerdotes, misioneros y seminaristas en tierras de misión.

La Obra de la Infancia y Adolescencia Misionera procura despertar en los niños una conciencia misionera y a moverles a compartir la fe y los medios materiales con los más necesitados.

Actualmente, también se lleva adelante el Centro Misionero Ad Gentes de América Central, éste es un centro de formación y animación misionera con sede en Honduras fundado y dirigido por la Iglesia de América Central que tiene la función de formar para la misión hacia fuera de nuestras iglesias y hacia adentro, y facilitar la reinserción de los misioneros centroamericanos que regresan a su país después de un tiempo de misión ad extra.

“Es para quienes sienten un especial llamado a prestar un servicio misionero más allá de las fronteras, sin que necesariamente quieran ser consagrados, ellos ofrecen un tiempo de su vida a la misión universal”, explicó Orozco.

Si desea más información puede comunicarse a las Obras Misionales Pontificias al teléfono 2223-6749 o escribir al correo ompcostarica@iglesiacr.org

 

 

Fuente elecocatolico.org

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