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	<title>Parroquia de San Diego - Costa Rica</title>
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	<description>Parroquia de San Diego - Actividades Parroquiales</description>
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		<title>Programa en Honor a María Auxiliadora</title>
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		<pubDate>Fri, 18 May 2012 20:00:54 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Administrador</dc:creator>
				<category><![CDATA[Acontecer Parroquial]]></category>
		<category><![CDATA[Últimas Noticias]]></category>

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		<description><![CDATA[Programa Maria Auxiliadora 2012

FIESTA EN HONOR A MARÍA AUXILIADORA
CALLE MESEN, SAN DIEGO, LA UNION.
&#160;
&#160;
Domingo 20 Mayo
4.00 p.m. Santo Rosario a cargo de la Legión de María de Girales y Santiago del Monte
4.30 p.m. Solemne Eucaristía
Celebrada por el sacerdote Roger Campos
Comunidad Invitada Santiago del Monte
Ministerio Musical Yejiel
&#160;
Lunes 21 Mayo
6.30 p.m. Santo Rosario a cargo de la... <a href="http://parroquiadesandiego.co.cr/programa-en-honor-mara-auxiliadora/"> [Continuar Leyendo]</a>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: left;" align="center"><a href="http://parroquiadesandiego.co.cr/wp-content/uploads/2012/05/Programa-Maria-Auxiliadora-2012.pdf">Programa Maria Auxiliadora 2012</a></p>
<p align="center"><strong><a href="http://parroquiadesandiego.co.cr/wp-content/uploads/2012/05/MaríaAuxiliadora.gif"><img class="alignnone size-thumbnail wp-image-9462" title="MaríaAuxiliadora" src="http://parroquiadesandiego.co.cr/wp-content/uploads/2012/05/MaríaAuxiliadora-150x150.gif" alt="" width="150" height="150" /></a></strong></p>
<p align="center"><strong>FIESTA EN HONOR A MARÍA AUXILIADORA</strong></p>
<p align="center"><strong>CALLE MESEN, SAN DIEGO, LA UNION.</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Domingo 20 Mayo</strong></p>
<p>4.00 p.m. Santo Rosario a cargo de la Legión de María de Girales y Santiago del Monte</p>
<p>4.30 p.m. Solemne Eucaristía</p>
<p>Celebrada por el sacerdote Roger Campos</p>
<p>Comunidad Invitada Santiago del Monte</p>
<p>Ministerio Musical Yejiel</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Lunes 21 Mayo</strong></p>
<p>6.30 p.m. Santo Rosario a cargo de la Legión de María de San Juan y Montufar</p>
<p>7.00 p.m. Solemne Eucaristía</p>
<p>Celebrada por el sacerdote Arturo Morales</p>
<p>Comunidad Invitada Montufar</p>
<p>Ministerio Musical Coro Niños Santiago del Monte</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Martes 22 Mayo</strong></p>
<p>6.30 p.m. Santo Rosario a cargo de la Legión de María de Villas de Ayarco</p>
<p>7.00 p.m. Solemne Eucaristía</p>
<p>Celebrada por el sacerdote Gustavo Monge Solano</p>
<p>Comunidad Invitada Villas de Ayarco</p>
<p>Ministerio Musical Kadosh</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Miércoles 23 Mayo</strong></p>
<p>6.30 p.m. Santo Rosario a cargo de la Legión de María de San Diego</p>
<p>7.00 p.m. Solemne Eucaristía</p>
<p>Celebrada por el sacerdote Guillermo Calderón</p>
<p>Comunidad Invitada San Diego</p>
<p>Ministerio Musical Coro Niños San Diego</p>
<p><strong> </strong></p>
<p><strong>Jueves 24 Mayo</strong></p>
<p>6.30 p.m. Santo Rosario a cargo de la Legión de María de María Auxiliadora</p>
<p>7.00 p.m. Solemne Eucaristía</p>
<p>Celebrada por el sacerdote Enrique Salas Leiva.</p>
<p>Ministerio Musical María Auxiliadora</p>
<p>&nbsp;</p>
<p align="center"><strong>“De la mano de María caminados con Jesús al encuentro de nuestro Padre Celestial”</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
]]></content:encoded>
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		<title>Decenario al Espíritu Santo</title>
		<link>http://parroquiadesandiego.co.cr/decenario-al-espritu-santo/</link>
		<comments>http://parroquiadesandiego.co.cr/decenario-al-espritu-santo/#comments</comments>
		<pubDate>Fri, 18 May 2012 13:09:45 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Administrador</dc:creator>
				<category><![CDATA[Acontecer Parroquial]]></category>
		<category><![CDATA[Portada]]></category>
		<category><![CDATA[Últimas Noticias]]></category>

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		<description><![CDATA[
La víspera de empezar este Decenario, que es la víspera de la Ascensión gloriosa de nuestro Divino Redentor, nos debemos preparar, con resoluciones firmes, para emprender la vida interior, y emprendida esta vida, no abandonarla jamás.[1]
PRIMER DÍA
Oración[2]
¡Ven, oh Santo Espíritu!: ilumina mi entendimiento, para conocer tus mandatos: fortalece mi corazón contra las insidias del enemigo:... <a href="http://parroquiadesandiego.co.cr/decenario-al-espritu-santo/"> [Continuar Leyendo]</a>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://parroquiadesandiego.co.cr/wp-content/uploads/2012/05/Power_Ministry1.jpg"><img class="alignnone size-thumbnail wp-image-9452" title="Power_Ministry1" src="http://parroquiadesandiego.co.cr/wp-content/uploads/2012/05/Power_Ministry1-150x150.jpg" alt="" width="150" height="150" /></a></p>
<p>La víspera de empezar este Decenario, que es la víspera de la Ascensión gloriosa de nuestro Divino Redentor, nos debemos preparar, con resoluciones firmes, para emprender la vida interior, y emprendida esta vida, no abandonarla jamás.[1]</p>
<p><strong>PRIMER DÍA</strong></p>
<p>Oración[2]</p>
<p>¡Ven, oh Santo Espíritu!: ilumina mi entendimiento, para conocer tus mandatos: fortalece mi corazón contra las insidias del enemigo: inflama mi voluntad… He oído tu voz, y no quiero endurecerme y resistir, diciendo: después…, mañana. Nunc cœpi! ¡Ahora!, no vaya a ser que el mañana me falte.</p>
<p>¡Oh, Espíritu de verdad y sabiduría, Espíritu de entendimiento y de consejo, Espíritu de gozo y paz!: quiero lo que quieras, quiero porque quieres, quiero como quieras, quiero cuando quieras….</p>
<p>Consideración[3]</p>
<p>Pentecostés, el día en que el Espíritu Santo</p>
<p>descendió sobre los discípulos del Señor</p>
<p>Los Hechos de los Apóstoles, al narrarnos los acontecimientos de aquel día de Pentecostés en el que el Espíritu Santo descendió en forma de lenguas de fuego sobre los discípulos de Nuestro Señor, nos hacen asistir a la gran manifestación del poder de Dios, con el que la Iglesia inició su camino entre las naciones. La victoria que Cristo —con su obediencia, con su inmolación en la Cruz y con su Resurrección— había obtenido sobre la muerte y sobre el pecado, se reveló entonces en toda su divina claridad.</p>
<p>Los discípulos, que ya eran testigos de la gloria del Resucitado, experimentaron en sí la fuerza del Espíritu Santo: sus inteligencias y sus corazones se abrieron a una luz nueva. Habían seguido a Cristo y acogido con fe sus enseñanzas, pero no acertaban siempre a penetrar del todo su sentido: era necesario que llegara el Espíritu de verdad, que les hiciera comprender todas las cosas. Sabían que sólo en Jesús podían encontrar palabras de vida eterna, y estaban dispuestos a seguirle y a dar la vida por Él, pero eran débiles y, cuando llegó la hora de la prueba, huyeron, lo dejaron solo. El día de Pentecostés todo eso ha pasado: el Espíritu Santo, que es espíritu de fortaleza, los ha hecho firmes, seguros, audaces. La palabra de los Apóstoles resuena recia y vibrante por las calles y plazas de Jerusalén.</p>
<p>Los hombres y las mujeres que, venidos de las más diversas regiones, pueblan en aquellos días la ciudad, escuchan asombrados. Partos, medos y elamitas, los moradores de Mesopotamia, de Judea y de Capadocia, del Ponto y del Asia, los de Frigia, de Pamfilia y de Egipto, los de Libia, confinante con Cirene, y los que han venido de Roma, tanto judíos como prosélitos, los cretenses y los árabes, oímos hablar las maravillas de Dios en nuestras propias lenguas. Estos prodigios, que se obran ante sus ojos, les llevan a prestar atención a la predicación apostólica. El mismo Espíritu Santo, que actuaba en los discípulos del Señor, tocó también sus corazones y los condujo hacia la fe.</p>
<p>Nos cuenta San Lucas que, después de haber hablado San Pedro proclamando la Resurrección de Cristo, muchos de los que le rodeaban se acercaron preguntando: —¿qué es lo que debemos hacer, hermanos? El Apóstol les respondió: Haced penitencia, y sea bautizado cada uno de vosotros en nombre de Jesucristo para remisión de vuestros pecados, y recibiréis el don del Espíritu Santo. Aquel día se incorporaron a la Iglesia, termina diciéndonos el texto sagrado, cerca de tres mil personas.</p>
<p>La venida solemne del Espíritu en el día de Pentecostés no fue un suceso aislado. Apenas hay una página de los Hechos de los Apóstoles en la que no se nos hable de Él y de la acción por la que guía, dirige y anima la vida y las obras de la primitiva comunidad cristiana: Él es quien inspira la predicación de San Pedro, quien confirma en su fe a los discípulos, quien sella con su presencia la llamada dirigida a los gentiles, quien envía a Saulo y a Bernabé hacia tierras lejanas para abrir nuevos caminos a la enseñanza de Jesús. En una palabra, su presencia y su actuación lo dominan todo.</p>
<p>Oración</p>
<p>¡Espíritu Divino!</p>
<p>Por los méritos de Jesucristo</p>
<p>y la intercesión de tu esposa, Santa María,</p>
<p>te suplicamos vengas a nuestros corazones</p>
<p>y nos comuniques la plenitud de tus dones,</p>
<p>para que, iluminados y confortados por ellos,</p>
<p>vivamos según tu voluntad y,</p>
<p>muriendo entregados a tu amor,</p>
<p>merezcamos cantar eternamente tus infinitas misericordias. Por Cristo Nuestro Señor. Amén.</p>
<p><strong>SEGUNDO DÍA</strong></p>
<p>Oración</p>
<p>¡Ven, oh Santo Espíritu!: ilumina mi entendimiento, para conocer tus mandatos: fortalece mi corazón contra las insidias del enemigo: inflama mi voluntad… He oído tu voz, y no quiero endurecerme y resistir, diciendo: después…, mañana. Nunc cœpi! ¡Ahora!, no vaya a ser que el mañana me falte.</p>
<p>¡Oh, Espíritu de verdad y sabiduría, Espíritu de entendimiento y de consejo, Espíritu de gozo y paz!: quiero lo que quieras, quiero porque quieres, quiero como quieras, quiero cuando quieras….</p>
<p>Consideración</p>
<p>Vigencia y actualidad de la Pentecostés</p>
<p>La fuerza y el poder de Dios iluminan la faz de la tierra. El Espíritu Santo continúa asistiendo a la Iglesia de Cristo, para que sea —siempre y en todo— signo levantado ante las naciones, que anuncia a la humanidad la benevolencia y el amor de Dios. Por grandes que sean nuestras limitaciones, los hombres podemos mirar con confianza a los cielos y sentirnos llenos de alegría: Dios nos ama y nos libra de nuestros pecados. La presencia y la acción del Espíritu Santo en la Iglesia son la prenda y la anticipación de la felicidad eterna, de esa alegría y de esa paz que Dios nos depara.</p>
<p>También nosotros, como aquellos primeros que se acercaron a San Pedro en el día de Pentecostés, hemos sido bautizados. En el bautismo, Nuestro Padre Dios ha tomado posesión de nuestras vidas, nos ha incorporado a la de Cristo y nos ha enviado el Espíritu Santo. El Señor, nos dice la Escritura Santa, nos ha salvado haciéndonos renacer por el bautismo, renovándonos por el Espíritu Santo, que Él derramó copiosamente sobre nosotros por Jesucristo Salvador nuestro, para que, justificados por la gracia, vengamos a ser herederos de la vida eterna conforme a la esperanza que tenemos.</p>
<p>La experiencia de nuestra debilidad y de nuestros fallos, la desedificación que puede producir el espectáculo doloroso de la pequeñez o incluso de la mezquindad de algunos que se llaman cristianos, el aparente fracaso o la desorientación de algunas empresas apostólicas, todo eso —el comprobar la realidad del pecado y de las limitaciones humanas— puede sin embargo constituir una prueba para nuestra fe, y hacer que se insinúen la tentación y la duda: ¿dónde están la fuerza y el poder de Dios? Es el momento de reaccionar, de practicar de manera más pura y más recia nuestra esperanza y, por tanto, de procurar que sea más firme nuestra fidelidad.</p>
<p>Oración</p>
<p>¡Espíritu Divino!</p>
<p>Por los méritos de Jesucristo</p>
<p>y la intercesión de tu esposa, Santa María,</p>
<p>te suplicamos vengas a nuestros corazones</p>
<p>y nos comuniques la plenitud de tus dones,</p>
<p>para que, iluminados y confortados por ellos,</p>
<p>vivamos según tu voluntad y,</p>
<p>muriendo entregados a tu amor,</p>
<p>merezcamos cantar eternamente tus infinitas misericordias. Por Cristo Nuestro Señor. Amén.</p>
<p><strong>TERCER DÍA</strong></p>
<p>Oración</p>
<p>¡Ven, oh Santo Espíritu!: ilumina mi entendimiento, para conocer tus mandatos: fortalece mi corazón contra las insidias del enemigo: inflama mi voluntad… He oído tu voz, y no quiero endurecerme y resistir, diciendo: después…, mañana. Nunc cœpi! ¡Ahora!, no vaya a ser que el mañana me falte.</p>
<p>¡Oh, Espíritu de verdad y sabiduría, Espíritu de entendimiento y de consejo, Espíritu de gozo y paz!: quiero lo que quieras, quiero porque quieres, quiero como quieras, quiero cuando quieras….</p>
<p>Consideración</p>
<p>La Iglesia, vivificada por el Espíritu Santo, es el Cuerpo Místico de Cristo</p>
<p>Permitidme narrar un suceso de mi vida personal, ocurrido hace ya muchos años. Un día un amigo de buen corazón, pero que no tenía fe, me dijo, mientras señalaba un mapamundi: mire, de norte a sur, y de este o oeste. ¿Qué quieres que mire?, le pregunté. Su respuesta fue: el fracaso de Cristo. Tantos siglos, procurando meter en la vida de los hombres su doctrina, y vea los resultados. Me llené, en un primer momento de tristeza: es un gran dolor, en efecto, considerar que son muchos los que aún no conocen al Señor y que, entre los que le conocen, son muchos también los que viven como si no lo conocieran.</p>
<p>Pero esa sensación duró sólo un instante, para dejar paso al amor y al agradecimiento, porque Jesús ha querido hacer a cada hombre cooperador libre de su obra redentora. No ha fracasado: su doctrina y su vida están fecundando continuamente el mundo. La redención, por Él realizada, es suficiente y sobreabundante.</p>
<p>Dios no quiere esclavos, sino hijos, y respeta nuestra libertad. La salvación continúa y nosotros participamos en ella: es voluntad de Cristo que —según las palabras fuertes de San Pablo— cumplamos en nuestra carne, en nuestra vida, aquello que falta a su pasión, pro Corpore eius, quod est Ecclesia, en beneficio de su cuerpo, que es la Iglesia.</p>
<p>Vale la pena jugarse la vida, entregarse por entero, para corresponder al amor y a la confianza que Dios deposita en nosotros. Vale la pena, ante todo, que nos decidamos a tomar en serio nuestra fe cristiana. Al recitar el Credo, profesamos creer en Dios Padre todopoderoso, en su Hijo Jesucristo que murió y fue resucitado, en el Espíritu Santo, Señor y dador de vida. Confesamos que la Iglesia, una santa, católica y apostólica, es el cuerpo de Cristo, animado por el Espíritu Santo. Nos alegramos ante la remisión de los pecados, y ante la esperanza de la resurrección futura. Pero, esas verdades ¿penetran hasta lo hondo del corazón o se quedan quizá en los labios? El mensaje divino de victoria, de alegría y de paz de la Pentecostés debe ser el fundamento inquebrantable en el modo de pensar, de reaccionar y de vivir de todo cristiano.</p>
<p>Oración</p>
<p>¡Espíritu Divino!</p>
<p>Por los méritos de Jesucristo</p>
<p>y la intercesión de tu esposa, Santa María,</p>
<p>te suplicamos vengas a nuestros corazones</p>
<p>y nos comuniques la plenitud de tus dones,</p>
<p>para que, iluminados y confortados por ellos,</p>
<p>vivamos según tu voluntad y,</p>
<p>muriendo entregados a tu amor,</p>
<p>merezcamos cantar eternamente tus infinitas misericordias. Por Cristo Nuestro Señor. Amén.</p>
<p><strong>CUARTO DÍA</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Oración</p>
<p>Ven ¡oh Santo Espíritu!: ilumina mi entendimiento, para conocer tus mandatos; fortalece mi corazón contra las insidias del enemigo; inflama mi voluntad… He oído tu voz, y no quiero endurecerme y resistir, diciendo: después…, mañana. Nunc cœpi! ¡Ahora!, no vaya a ser que el mañana me falte.</p>
<p>¡Oh, Espíritu de verdad y sabiduría, Espíritu de entendimiento y de consejo, Espíritu de gozo y paz!: quiero lo que quieras, quiero porque quieres, quiero como quieras, quiero cuando quieras…</p>
<p>Consideración</p>
<p>Nuestra fe en el Espíritu Santo debe ser absoluta</p>
<p>Non est abbreviata manus Domini, no se ha hecho más corta la mano de Dios: no es menos poderoso Dios hoy que en otras épocas, ni menos verdadero su amor por los hombres. Nuestra fe nos enseña que la creación entera, el movimiento de la tierra y el de los astros, las acciones rectas de las criaturas y cuanto hay de positivo en el sucederse de la historia, todo, en una palabra, ha venido de Dios y a Dios se ordena. La acción del Espíritu Santo puede pasarnos inadvertida, porque Dios no nos da a conocer sus planes y porque el pecado del hombre enturbia y obscurece los dones divinos. Pero la fe nos recuerda que el Señor obra constantemente: es Él quien nos ha creado y nos mantiene en el ser; quien, con su gracia, conduce la creación entera hacia la libertad de la gloria de los hijos de Dios.</p>
<p>Por eso, la tradición cristiana ha resumido la actitud que debemos adoptar ante el Espíritu Santo en un solo concepto: docilidad. Ser sensibles a lo que el Espíritu divino promueve a nuestro alrededor y en nosotros mismos: a los carismas que distribuye, a los movimientos e instituciones que suscita, a los afectos y decisiones que hace nacer en nuestro corazón. El Espíritu Santo realiza en el mundo las obras de Dios: es —como dice el himno litúrgico— dador de las gracias, luz de los corazones, huésped del alma, descanso en el trabajo, consuelo en el llanto. Sin su ayuda nada hay en el hombre que sea inocente y valioso, pues es Él quien lava lo manchado, quien cura lo enfermo, quien enciende lo que está frío, quien endereza lo extraviado, quien conduce a los hombres hacia el puerto de la salvación y del gozo eterno.</p>
<p>Pero esta fe nuestra en el Espíritu Santo ha de ser plena y completa: no es una creencia vaga en su presencia en el mundo, es una aceptación agradecida de los signos y realidades a los que, de una manera especial, ha querido vincular su fuerza. Cuando venga el Espíritu de verdad —anunció Jesús—, me glorificará porque recibirá de lo mío, y os lo anunciará. El Espíritu Santo es el Espíritu enviado por Cristo, para obrar en nosotros la santificación que Él nos mereció en la tierra.</p>
<p>No puede haber por eso fe en el Espíritu Santo, si no hay fe en Cristo, en la doctrina de Cristo, en los sacramentos de Cristo, en la Iglesia de Cristo. No es coherente con la fe cristiana, no cree verdaderamente en el Espíritu Santo quien no ama a la Iglesia, quien no tiene confianza en ella, quien se complace sólo en señalar las deficiencias y las limitaciones de los que la representan, quien la juzga desde fuera y es incapaz de sentirse hijo suyo. Me viene a la mente considerar hasta qué punto será extraordinariamente importante y abundantísima la acción del Divino Paráclito, mientras el sacerdote renueva el sacrificio del Calvario, al celebrar la Santa Misa en nuestros altares.</p>
<p>Oración</p>
<p>¡Espíritu Divino!</p>
<p>Por los méritos de Jesucristo</p>
<p>y la intercesión de tu esposa, Santa María,</p>
<p>te suplicamos vengas a nuestros corazones</p>
<p>y nos comuniques la plenitud de tus dones,</p>
<p>para que, iluminados y confortados por ellos,</p>
<p>vivamos según tu voluntad y,</p>
<p>muriendo entregados a tu amor,</p>
<p>merezcamos cantar eternamente tus infinitas misericordias. Por Cristo Nuestro Señor. Amén.</p>
<p><strong>QUINTO DÍA</strong></p>
<p>Oración</p>
<p>¡Ven, oh Santo Espíritu!: ilumina mi entendimiento, para conocer tus mandatos: fortalece mi corazón contra las insidias del enemigo: inflama mi voluntad… He oído tu voz, y no quiero endurecerme y resistir, diciendo: después…, mañana. Nunc cœpi! ¡Ahora!, no vaya a ser que el mañana me falte.</p>
<p>¡Oh, Espíritu de verdad y sabiduría, Espíritu de entendimiento y de consejo, Espíritu de gozo y paz!: quiero lo que quieras, quiero porque quieres, quiero como quieras, quiero cuando quieras….</p>
<p>Consideración</p>
<p>El Espíritu Santo está en medio de nosotros</p>
<p>Los cristianos llevamos los grandes tesoros de la gracia en vasos de barro; Dios ha confiado sus dones a la frágil y débil libertad humana y, aunque la fuerza del Señor ciertamente nos asiste, nuestra concupiscencia, nuestra comodidad y nuestro orgullo la rechazan a veces y nos llevan a caer en pecado. En muchas ocasiones, desde hace más de un cuarto de siglo, al recitar el Credo y afirmar mi fe en la divinidad de la Iglesia una, santa, católica y apostólica, añado a pesar de los pesares. Cuando he comentado esa costumbre mía y alguno me pregunta a qué quiero referirme, respondo: a tus pecados y a los míos.</p>
<p>Todo eso es cierto, pero no autoriza en modo alguno a juzgar a la Iglesia de manera humana, sin fe teologal, fijándose únicamente en la mayor o menor cualidad de determinados eclesiásticos o de ciertos cristianos. Proceder así, es quedarse en la superficie. Lo más importante en la Iglesia no es ver cómo respondemos los hombres, sino ver lo que hace Dios. La Iglesia es eso: Cristo presente entre nosotros; Dios que viene hacia la humanidad para salvarla, llamándonos con su revelación, santificándonos con su gracia, sosteniéndonos con su ayuda constante, en los pequeños y en los grandes combates de la vida diaria.</p>
<p>Podemos llegar a desconfiar de los hombres, y cada uno está obligado a desconfiar personalmente de sí mismo y a coronar sus jornadas con un mea culpa, con un acto de contrición hondo y sincero. Pero no tenemos derecho a dudar de Dios. Y dudar de la Iglesia, de su origen divino, de la eficacia salvadora de su predicación y de sus sacramentos, es dudar de Dios mismo, es no creer plenamente en la realidad de la venida del Espíritu Santo.</p>
<p>Antes de que Cristo fuera crucificado —escribe San Juan Crisóstomo— no había ninguna reconciliación. Y, mientras no hubo reconciliación, no fue enviado el Espíritu Santo… La ausencia del Espíritu Santo era signo de la ira divina. Ahora que lo ves enviado en plenitud, no dudes de la reconciliación. Pero si preguntaron: ¿dónde está ahora el Espíritu Santo? Se podía hablar de su presencia cuando ocurrían milagros, cuando eran resucitados los muertos y curados los leprosos. ¿Cómo saber ahora que está de veras presente? No os preocupéis. Os demostraré que el Espíritu Santo está también ahora entre nosotros…</p>
<p>Si no existiera el Espíritu Santo, no podríamos decir: Señor, Jesús, pues nadie puede invocar a Jesús como Señor, si no es en el Espíritu Santo (1 Corintios XII, 3). Si no existiera el Espíritu Santo, no podríamos orar con confianza. Al rezar, en efecto, decimos: Padre nuestro que estás en los cielos (Mateo VI, 9). Si no existiera el Espíritu Santo no podríamos llamar Padre a Dios. ¿Cómo sabemos eso? Porque el apóstol nos enseña: Y, por ser hijos, envió Dios a nuestros corazones el Espíritu de su Hijo, que clama: Abba, Padre (Gálatas IV, 6).</p>
<p>Cuando invoques, pues, a Dios Padre, acuérdate de que ha sido el Espíritu quien, al mover tu alma, te ha dado esa oración. Si no existiera el Espíritu Santo, no habría en la Iglesia palabra alguna de sabiduría o de ciencia, porque está escrito: es dada por el Espíritu la palabra de sabiduría (1 Corintios XII, 8)… Si el Espíritu Santo no estuviera presente, la Iglesia no existiría. Pero, si la Iglesia existe, es seguro que el Espíritu Santo no falta.</p>
<p>Por encima de las deficiencias y limitaciones humanas, insisto, la Iglesia es eso: el signo y en cierto modo —no en el sentido estricto en el que se ha definido dogmáticamente la esencia de los siete sacramentos de la Nueva Alianza— el sacramento universal de la presencia de Dios en el mundo. Ser cristiano es haber sido regenerado por Dios y enviado a los hombres, para anunciarles la salvación. Si tuviéramos fe recia y vivida, y diéramos a conocer audazmente a Cristo, veríamos que ante nuestros ojos se realizan milagros como los de la época apostólica.</p>
<p>Porque ahora también se devuelve la vista a ciegos, que habían perdido la capacidad de mirar al cielo y de contemplar las maravillas de Dios; se da la libertad a cojos y tullidos, que se encontraban atados por sus apasionamientos y cuyos corazones no sabían ya amar; se hace oír a sordos, que no deseaban saber de Dios; se logra que hablen los mudos, que tenían atenazada la lengua porque no querían confesar sus derrotas; se resucita a muertos, en los que el pecado había destruido la vida. Comprobamos una vez más que la palabra de Dios es viva y eficaz, y más penetrante que cualquier espada de dos filos y, lo mismo que los primeros fieles cristianos, nos alegramos al admirar la fuerza del Espíritu Santo y su acción en la inteligencia y en la voluntad de sus criaturas.</p>
<p>Oración</p>
<p>¡Espíritu Divino!</p>
<p>Por los méritos de Jesucristo</p>
<p>y la intercesión de tu esposa, Santa María,</p>
<p>te suplicamos vengas a nuestros corazones</p>
<p>y nos comuniques la plenitud de tus dones,</p>
<p>para que, iluminados y confortados por ellos,</p>
<p>vivamos según tu voluntad y,</p>
<p>muriendo entregados a tu amor,</p>
<p>merezcamos cantar eternamente tus infinitas misericordias. Por Cristo Nuestro Señor. Amén.</p>
<p><strong>SEXTO DÍA</strong></p>
<p>Oración</p>
<p>¡Ven, oh Santo Espíritu!: ilumina mi entendimiento, para conocer tus mandatos: fortalece mi corazón contra las insidias del enemigo: inflama mi voluntad… He oído tu voz, y no quiero endurecerme y resistir, diciendo: después…, mañana. Nunc cœpi! ¡Ahora!, no vaya a ser que el mañana me falte.</p>
<p>¡Oh, Espíritu de verdad y sabiduría, Espíritu de entendimiento y de consejo, Espíritu de gozo y paz!: quiero lo que quieras, quiero porque quieres, quiero como quieras, quiero cuando quieras….</p>
<p>Consideración</p>
<p>Dar a conocer el camino de la correspondencia</p>
<p>a la acción del Espíritu Santo</p>
<p>Veo todas las incidencias de la vida —las de cada existencia individual y, de alguna manera, las de las grandes encrucijadas de las historia— como otras tantas llamadas que Dios dirige a los hombres, para que se enfrenten con la verdad; y como ocasiones, que se nos ofrecen a los cristianos, para anunciar con nuestras obras y con nuestras palabras ayudados por la gracia, el Espíritu al que pertenecemos.</p>
<p>Cada generación de cristianos ha de redimir, ha de santificar su propio tiempo: para eso, necesita comprender y compartir las ansias de los otros hombres, sus iguales, a fin de darles a conocer, con don de lenguas cómo deben corresponder a la acción del Espíritu Santo, a la efusión permanente de las riquezas del Corazón divino. A nosotros, los cristianos, nos corresponde anunciar en estos días, a ese mundo del que somos y en el que vivimos, el mensaje antiguo y nuevo del Evangelio.</p>
<p>No es verdad que toda la gente de hoy —así, en general y en bloque— esté cerrada, o permanezca indiferente, a lo que la fe cristiana enseña sobre el destino y el ser del hombre; no es cierto que los hombres de estos tiempos se ocupen sólo de las cosas de la tierra, y se desinteresen de mirar al cielo. Aunque no faltan ideologías —y personas que las sustentan— que están cerradas, hay en nuestra época anhelos grandes y actitudes rastreras, heroísmos y cobardías, ilusiones y desengaños; criaturas que sueñan con un mundo nuevo más justo y más humano, y otras que, quizá decepcionadas ante el fracaso de sus primitivos ideales, se refugian en el egoísmo de buscar sólo la propia tranquilidad, o en permanecer inmersas en el error.</p>
<p>A todos esos hombres y a todas esas mujeres, estén donde estén, en sus momentos de exaltación o en sus crisis y derrotas, les hemos de hacer llegar el anuncio solemne y tajante de San Pedro, durante los días que siguieron a la Pentecostés: Jesús es la piedra angular, el Redentor, el todo de nuestra vida, porque fuera de Él no se ha dado a los hombres otro nombre debajo del cielo, por el cual podamos ser salvos.</p>
<p>Oración</p>
<p>¡Espíritu Divino!</p>
<p>Por los méritos de Jesucristo</p>
<p>y la intercesión de tu esposa, Santa María,</p>
<p>te suplicamos vengas a nuestros corazones</p>
<p>y nos comuniques la plenitud de tus dones,</p>
<p>para que, iluminados y confortados por ellos,</p>
<p>vivamos según tu voluntad y,</p>
<p>muriendo entregados a tu amor,</p>
<p>merezcamos cantar eternamente tus infinitas misericordias. Por Cristo Nuestro Señor. Amén.</p>
<p><strong>SEPTIMO DÍA</strong></p>
<p>Oración</p>
<p>¡Ven, oh Santo Espíritu!: ilumina mi entendimiento, para conocer tus mandatos: fortalece mi corazón contra las insidias del enemigo: inflama mi voluntad… He oído tu voz, y no quiero endurecerme y resistir, diciendo: después…, mañana. Nunc cœpi! ¡Ahora!, no vaya a ser que el mañana me falte.</p>
<p>¡Oh, Espíritu de verdad y sabiduría, Espíritu de entendimiento y de consejo, Espíritu de gozo y paz!: quiero lo que quieras, quiero porque quieres, quiero como quieras, quiero cuando quieras….</p>
<p>Consideración</p>
<p>El don de la sabiduría nos permite conocer a Dios</p>
<p>y gozarnos en su presencia</p>
<p>Entre los dones del Espíritu Santo, diría que hay uno del que tenemos especial necesidad todos los cristianos: el don de sabiduría que, al hacernos conocer a Dios y gustar de Dios, nos coloca en condiciones de poder juzgar con verdad sobre las situaciones y las cosas de esta vida. Si fuéramos consecuentes con nuestra fe, al mirar a nuestro alrededor y contemplar el espectáculo de la historia y del mundo, no podríamos menos de sentir que se elevan en nuestro corazón los mismos sentimientos que animaron el de Jesucristo: al ver aquellas muchedumbres se compadecía de ellas, porque estaban malparadas y abatidas, como ovejas sin pastor.</p>
<p>No es que el cristiano no advierta todo lo bueno que hay en la humanidad, que no aprecie las limpias alegrías, que no participe en los afanes e ideales terrenos. Por el contrario, siente todo eso desde lo más recóndito de su alma, y lo comparte y lo vive con especial hondura, ya que conoce mejor que hombre alguno las profundidades del espíritu humano.</p>
<p>La fe cristiana no achica el ánimo, ni cercena los impulsos nobles del alma, puesto que los agranda, al revelar su verdadero y más auténtico sentido: no estamos destinados a una felicidad cualquiera, porque hemos sido llamados a penetrar en la intimidad divina, a conocer y amar a Dios Padre, a Dios Hijo y a Dios Espíritu Santo y, en la Trinidad y en la Unidad de Dios, a todos los ángeles y a todos los hombres.</p>
<p>Esa es la gran osadía de la fe cristiana: proclamar el valor y la dignidad de la humana naturaleza, y afirmar que, mediante la gracia que nos eleva al orden sobrenatural, hemos sido creados para alcanzar la dignidad de hijos de Dios. Osadía ciertamente increíble, si no estuviera basada en el decreto salvador de Dios Padre, y no hubiera sido confirmada por la sangre de Cristo y reafirmada y hecha posible por la acción constante del Espíritu Santo.</p>
<p>Hemos de vivir de fe, de crecer en la fe, hasta que se pueda decir de cada uno de nosotros, de cada cristiano, lo que escribía hace siglos uno de los grandes Doctores de la Iglesia oriental: de la misma manera que los cuerpos transparentes nítidos, al recibir los rayos de luz, se vuelven resplandecientes e irradian brillo, las almas que son llevadas e ilustradas por el Espíritu Santo se vuelven también ellas espirituales y llevan a las demás la luz de la gracia. Del Espíritu Santo proviene el conocimiento de las cosas futuras, la inteligencia de los misterios, la comprensión de las verdades ocultas, la distribución de los dones, la ciudadanía celeste, la conversación con los ángeles. De Él, la alegría que nunca termina, la perseverancia en Dios, la semejanza con Dios y, lo más sublime que puede ser pensado, el hacerse Dios.</p>
<p>La conciencia de la magnitud de la dignidad humana —de modo eminente, inefable, al ser constituidos por la gracia en hijos de Dios— junto con la humildad, forma en el cristiano una sola cosa, ya que no son nuestras fuerzas las que nos salvan y nos dan la vida, sino el favor divino. Es ésta una verdad que no puede olvidarse nunca, porque entonces el endiosamiento se pervertiría y se convertiría en presunción, en soberbia y, más pronto o más tarde, en derrumbamiento espiritual ante la experiencia de la propia flaqueza y miseria.</p>
<p>¿Me atreveré a decir: soy santo? —se preguntaba San Agustín. Si dijese santo en cuanto santificador y no necesitado de nadie que me santifique, sería soberbio y mentiroso. Pero si entendemos por santo el santificado, según aquello que se lee en el Levítico: sed santos, porque yo, Dios, soy santo; entonces también el cuerpo de Cristo, hasta el último hombre situado en los confines de la tierra y, con su Cabeza y bajo su Cabeza, diga audazmente: soy santo.</p>
<p>Amad a la Tercera Persona de la Trinidad Beatísima: escuchad en la intimidad de vuestro ser las mociones divinas —esos alientos, esos reproches—, caminad por la tierra dentro de la luz derramada en vuestra alma: y el Dios de la esperanza nos colmará de toda suerte de paz, para que esa esperanza crezca en nosotros siempre más y más, por la virtud del Espíritu Santo.</p>
<p>Oración</p>
<p>¡Espíritu Divino!</p>
<p>Por los méritos de Jesucristo</p>
<p>y la intercesión de tu esposa, Santa María,</p>
<p>te suplicamos vengas a nuestros corazones</p>
<p>y nos comuniques la plenitud de tus dones,</p>
<p>para que, iluminados y confortados por ellos,</p>
<p>vivamos según tu voluntad y,</p>
<p>muriendo entregados a tu amor,</p>
<p>merezcamos cantar eternamente tus infinitas misericordias. Por Cristo Nuestro Señor. Amén.</p>
<p><strong>OCTAVO DÍA</strong></p>
<p>Oración</p>
<p>¡Ven, oh Santo Espíritu!: ilumina mi entendimiento, para conocer tus mandatos: fortalece mi corazón contra las insidias del enemigo: inflama mi voluntad… He oído tu voz, y no quiero endurecerme y resistir, diciendo: después…, mañana. Nunc cœpi! ¡Ahora!, no vaya a ser que el mañana me falte.</p>
<p>¡Oh, Espíritu de verdad y sabiduría, Espíritu de entendimiento y de consejo, Espíritu de gozo y paz!: quiero lo que quieras, quiero porque quieres, quiero como quieras, quiero cuando quieras….</p>
<p>Consideración</p>
<p>Vivir según el Espíritu Santo</p>
<p>Vivir según el Espíritu Santo es vivir de fe, de esperanza, de caridad; dejar que Dios tome posesión de nosotros y cambie de raíz nuestros corazones, para hacerlos a su medida. Una vida cristiana madura, honda y recia, es algo que no se improvisa, porque es el fruto del crecimiento en nosotros de la gracia de Dios. En los Hechos de los Apóstoles, se describe la situación de la primitiva comunidad cristiana con una frase breve, pero llena de sentido: perseveraban todos en las instrucciones de los Apóstoles, en la comunicación de la fracción del pan y en la oración.</p>
<p>Fue así como vivieron aquellos primeros, y como debemos vivir nosotros: la meditación de la doctrina de la fe hasta hacerla propia, el encuentro con Cristo en la Eucaristía, el diálogo personal —la oración sin anonimato— cara a cara con Dios, han de constituir como la substancia última de nuestra conducta. Si eso falta, habrá tal vez reflexión erudita, actividad más o menos intensa, devociones y prácticas. Pero no habrá auténtica existencia cristiana, porque faltará la compenetración con Cristo, la participación real y vivida en la obra divina de la salvación.</p>
<p>Es doctrina que se aplica a cualquier cristiano, porque todos estamos igualmente llamados a la santidad. No hay cristianos de segunda categoría, obligados a poner en práctica sólo una versión rebajada del Evangelio: todos hemos recibido el mismo Bautismo y, si bien existe una amplia diversidad de carismas y de situaciones humanas, uno mismo es el Espíritu que distribuye los dones divinos, una misma la fe, una misma la esperanza, una la caridad.</p>
<p>Podemos, por tanto, tomar como dirigida a nosotros la pregunta que formula el Apóstol: ¿no sabéis que sois templo de Dios y que el Espíritu Santo mora en vosotros?, y recibirla como una invitación a un trato más personal y directo con Dios. Por desgracia el Paráclito es, para algunos cristianos, el Gran Desconocido: un nombre que se pronuncia, pero que no es Alguno —una de las tres Personas del único Dios—, con quien se habla y de quien se vive.</p>
<p>Hace falta —en cambio— que lo tratemos con asidua sencillez y con confianza, como nos enseña a hacerlo la Iglesia a través de la liturgia. Entonces conoceremos más a Nuestro Señor y, al mismo tiempo, nos daremos cuenta más plena del inmenso don que supone llamarse cristianos: advertiremos toda la grandeza y toda la verdad de ese endiosamiento, de esa participación en la vida divina, a la que ya antes me refería.</p>
<p>Oración</p>
<p>¡Espíritu Divino!</p>
<p>Por los méritos de Jesucristo</p>
<p>y la intercesión de tu esposa, Santa María,</p>
<p>te suplicamos vengas a nuestros corazones</p>
<p>y nos comuniques la plenitud de tus dones,</p>
<p>para que, iluminados y confortados por ellos,</p>
<p>vivamos según tu voluntad y,</p>
<p>muriendo entregados a tu amor,</p>
<p>merezcamos cantar eternamente tus infinitas misericordias. Por Cristo Nuestro Señor. Amén.</p>
<p><strong>NOVENO DÍA</strong></p>
<p>Oración</p>
<p>¡Ven, oh Santo Espíritu!: ilumina mi entendimiento, para conocer tus mandatos: fortalece mi corazón contra las insidias del enemigo: inflama mi voluntad… He oído tu voz, y no quiero endurecerme y resistir, diciendo: después…, mañana. Nunc cœpi! ¡Ahora!, no vaya a ser que el mañana me falte.</p>
<p>¡Oh, Espíritu de verdad y sabiduría, Espíritu de entendimiento y de consejo, Espíritu de gozo y paz!: quiero lo que quieras, quiero porque quieres, quiero como quieras, quiero cuando quieras….</p>
<p>Consideración</p>
<p>Docilidad, oración y unión con la Cruz</p>
<p>Porque el Espíritu Santo no es un artista que dibuja en nosotros la divina substancia, como si Él fuera ajeno a ella, no es de esa forma como nos conduce a la semejanza divina; sino que Él mismo, que es Dios y de Dios procede, se imprime en los corazones que lo reciben como el sello sobre la cera y, de esa forma, por la comunicación de sí y la semejanza, restablece la naturaleza según la belleza del modelo divino y restituye al hombre la imagen de Dios.</p>
<p>Para concretar, aunque sea de una manera muy general, un estilo de vida que nos impulse a tratar al Espíritu Santo —y, con Él, al Padre y al Hijo— y a tener familiaridad con el Paráclito, podemos fijarnos en tres realidades fundamentales: docilidad —repito—, vida de oración, unión con la Cruz.</p>
<p>Docilidad, en primer lugar, porque el Espíritu Santo es quien, con sus inspiraciones, va dando tono sobrenatural a nuestros pensamientos, deseos y obras. Él es quien nos empuja a adherirnos a la doctrina de Cristo y a asimilarla con profundidad, quien nos da luz para tomar conciencia de nuestra vocación personal y fuerza para realizar todo lo que Dios espera. Si somos dóciles al Espíritu Santo, la imagen de Cristo se irá formando cada vez más en nosotros e iremos así acercándonos cada día más a Dios Padre. Los que son llevados por el Espíritu de Dios, esos son hijos de Dios.</p>
<p>Si nos dejamos guiar por ese principio de vida presente en nosotros, que es el Espíritu Santo, nuestra vitalidad espiritual irá creciendo y nos abandonaremos en las manos de nuestro Padre Dios, con la misma espontaneidad y confianza con que un niño se arroja en los brazos de su padre. Si no os hacéis semejantes a los niños, no entraréis en el reino de los cielos, ha dicho el Señor. Viejo camino interior de infancia, siempre actual, que no es blandenguería, ni falta de sazón humana: es madurez sobrenatural, que nos hace profundizar en las maravillas del amor divino, reconocer nuestra pequeñez e identificar plenamente nuestra voluntad con la de Dios.</p>
<p>Vida de oración, en segundo lugar, porque la entrega, la obediencia, la mansedumbre del cristiano nacen del amor y al amor se encaminan. Y el amor lleva al trato, a la conversación, a la amistad. La vida cristiana requiere un diálogo constante con Dios Uno y Trino, y es a esa intimidad a donde nos conduce el Espíritu Santo. ¿Quién sabe las cosas del hombre, sino solamente el espíritu del hombre, que está dentro de él? Así las cosas de Dios nadie las ha conocido sino el Espíritu de Dios. Si tenemos relación asidua con el Espíritu Santo, nos haremos también nosotros espirituales, nos sentiremos hermanos de Cristo e hijos de Dios, a quien no dudaremos en invocar como a Padre que es nuestro.</p>
<p>Acostumbremos a frecuentar al Espíritu Santo, que es quien nos ha de santificar: a confiar en Él, a pedir su ayuda, a sentirlo cerca de nosotros. Así se irá agrandando nuestro pobre corazón, tendremos más ansias de amar a Dios y, por Él, a todas las criaturas. Y se reproducirá en nuestras vidas esa visión final del Apocalipsis: el espíritu y la esposa, el Espíritu Santo y la Iglesia —y cada cristiano— que se dirigen a Jesús, a Cristo, y le piden que venga, que esté con nosotros para siempre.</p>
<p>Unión con la Cruz, finalmente, porque en la vida de Cristo el Calvario precedió a la Resurrección y a la Pentecostés, y ese mismo proceso debe reproducirse en la vida de cada cristiano: somos —nos dice San Pablo— coherederos con Jesucristo, con tal que padezcamos con Él, a fin de que seamos con Él glorificados. El Espíritu Santo es fruto de la cruz, de la entrega total a Dios, de buscar exclusivamente su gloria y de renunciar por entero a nosotros mismos.</p>
<p>Sólo cuando el hombre, siendo fiel a la gracia, se decide a colocar en el centro de su alma la Cruz, negándose a sí mismo por amor a Dios, estando realmente desprendido del egoísmo y de toda falsa seguridad humana, es decir, cuando vive verdaderamente de fe, es entonces y sólo entonces cuando recibe con plenitud el gran fuego, la gran luz, la gran consolación del Espíritu Santo.</p>
<p>Es entonces también cuando vienen al alma esa paz y esa libertad que Cristo nos ha ganado, que se nos comunican con la gracia del Espíritu Santo. Los frutos del Espíritu son caridad, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, longanimidad, mansedumbre, fe, modestia, continencia, castidad: y donde está el Espíritu del Señor, allí hay libertad.</p>
<p>Oración</p>
<p>¡Espíritu Divino!</p>
<p>Por los méritos de Jesucristo</p>
<p>y la intercesión de tu esposa, Santa María,</p>
<p>te suplicamos vengas a nuestros corazones</p>
<p>y nos comuniques la plenitud de tus dones,</p>
<p>para que, iluminados y confortados por ellos,</p>
<p>vivamos según tu voluntad y,</p>
<p>muriendo entregados a tu amor,</p>
<p>merezcamos cantar eternamente tus infinitas misericordias. Por Cristo Nuestro Señor. Amén.</p>
<p><strong>DECIMO DÍA</strong></p>
<p>Oración</p>
<p>¡Ven, oh Santo Espíritu!: ilumina mi entendimiento, para conocer tus mandatos: fortalece mi corazón contra las insidias del enemigo: inflama mi voluntad… He oído tu voz, y no quiero endurecerme y resistir, diciendo: después…, mañana. Nunc cœpi! ¡Ahora!, no vaya a ser que el mañana me falte.</p>
<p>¡Oh, Espíritu de verdad y sabiduría, Espíritu de entendimiento y de consejo, Espíritu de gozo y paz!: quiero lo que quieras, quiero porque quieres, quiero como quieras, quiero cuando quieras….</p>
<p>Consideración</p>
<p>La vida del cristiano consiste en empezar una y otra vez</p>
<p>En medio de las limitaciones inseparables de nuestra situación presente, porque el pecado habita todavía de algún modo en nosotros, el cristiano percibe con claridad nueva toda la riqueza de su filiación divina, cuando se reconoce plenamente libre porque trabaja en las cosas de su Padre, cuando su alegría se hace constante porque nada es capaz de destruir su esperanza.</p>
<p>Es en esa hora, además y al mismo tiempo, cuando es capaz de admirar todas las bellezas y maravillas de la tierra, de apreciar toda la riqueza y toda la bondad, de amar con toda la entereza y toda la pureza para las que está hecho el corazón humano. Cuando el dolor ante el pecado no degenera nunca en un gesto amargo, desesperado o altanero, porque la compunción y el conocimiento de la humana flaqueza le encaminan a identificarse de nuevo con las ansias redentoras de Cristo, y a sentir más hondamente la solidaridad con todos los hombres. Cuando, en fin, el cristiano experimenta en sí con seguridad la fuerza del Espíritu Santo, de manera que las propias caídas no le abaten: porque son una invitación a recomenzar, y a continuar siendo testigo fiel de Cristo en todas las encrucijadas de la tierra, a pesar de las miserias personales, que en estos casos suelen ser faltas leves, que enturbian apenas el alma; y, aunque fuesen graves, acudiendo al Sacramento de la Penitencia con compunción, se vuelve a la paz de Dios y a ser de nuevo un buen testigo de sus misericordias.</p>
<p>Tal es, en un resumen breve, que apenas consigue traducir en pobres palabras humanas, la riqueza de la fe, la vida del cristiano, si se deja guiar por el Espíritu Santo. No puedo, por eso, terminar de otra manera que haciendo mía la petición, que se contiene en uno de los cantos litúrgicos de la fiesta de Pentecostés, que es como un eco de la oración incesante de la Iglesia entera: Ven, Espíritu Creador, visita las inteligencias de los tuyos, llena de gracia celeste los corazones que tú has creado. En tu escuela haz que sepamos del Padre, haznos conocer también al Hijo, haz en fin que creamos eternamente en Ti, Espíritu que procedes de uno del otro.</p>
<p>Oración</p>
<p>¡Espíritu Divino!</p>
<p>Por los méritos de Jesucristo</p>
<p>y la intercesión de tu esposa, Santa María,</p>
<p>te suplicamos vengas a nuestros corazones</p>
<p>y nos comuniques la plenitud de tus dones,</p>
<p>para que, iluminados y confortados por ellos,</p>
<p>vivamos según tu voluntad y,</p>
<p>muriendo entregados a tu amor,</p>
<p>merezcamos cantar eternamente tus infinitas misericordias. Por Cristo Nuestro Señor. Amén.</p>
<p>[1] F. J. del Valle. Decenario al Espíritu Santo, Madrid: Rialp, 1954.</p>
<p>[2] Cf. Postulación para la Causa de Beatificación y Canonización de Monseñor Josemaría Escrivá de Balaguer: Registro Histórico del Fundador [del Opus Dei] , 20172, p. 145.</p>
<p>[3] Las consideraciones de este Decenario están tomadas de la homilía El Gran Desconocido en Es Cristo que Pasa por San Josemaría Escrivá de Balaguer.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Fuente encuentra.com</p>
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		<title>Alegría que nadie les podrá quitar</title>
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		<pubDate>Fri, 18 May 2012 10:19:44 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Parroco</dc:creator>
				<category><![CDATA[Acontecer Parroquial]]></category>
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		<category><![CDATA[Últimas Noticias]]></category>

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Del santo Evangelio según san Juan 16, 20-23
En verdad, en verdad os digo que lloraréis y os lamentaréis, y el mundo se alegrará. Estaréis tristes, pero vuestra tristeza se convertirá en gozo. La mujer, cuando va a dar a luz, está triste, porque le ha llegado su hora; pero cuando ha dado a luz al... <a href="http://parroquiadesandiego.co.cr/anuncio-de-la-traicin/"> [Continuar Leyendo]</a>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong><a href="http://parroquiadesandiego.co.cr/wp-content/uploads/2012/04/01.jpg"><img class="alignleft size-thumbnail wp-image-9125" title="01" src="http://parroquiadesandiego.co.cr/wp-content/uploads/2012/04/01-150x150.jpg" alt="" width="150" height="150" /></a></strong></p>
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<div></div>
<div><strong><strong>Del santo Evangelio según san Juan 16, 20-23</strong></p>
<p><em>En verdad, en verdad os digo que lloraréis y os lamentaréis, y el mundo se alegrará. Estaréis tristes, pero vuestra tristeza se convertirá en gozo. La mujer, cuando va a dar a luz, está triste, porque le ha llegado su hora; pero cuando ha dado a luz al niño, ya no se acuerda del aprieto por el gozo de que ha nacido un hombre en el mundo. También vosotros estáis tristes ahora, pero volveré a veros y se alegrará vuestro corazón y vuestra alegría nadie os la podrá quitar. Aquel día no me preguntaréis nada.</em></p>
<p><strong>Oración introductoria</strong></p>
<p>Señor, creo en Ti, espero y confío en tu gran misericordia y amor, por eso te suplico que esta oración me lleve a descubrir tu providencia en todos los sucesos de mi vida.</p>
<p><strong>Petición</strong></p>
<p>Jesús, que no me falte nunca la fe, el amor, la esperanza, para gustar la verdadera alegría, que nace del amor y de la fidelidad a Ti.</p>
<p><strong>Meditación del Papa</strong></p>
<p>A la luz del Nuevo Testamento el mensaje se hace más explícito y claro: el creyente que atraviesa esa oscuridad es como el grano de trigo que cae en tierra y muere, pero para dar mucho fruto; o bien, retomando otra imagen querida por Jesús, es como la mujer que sufre con los dolores del parto para poder llegar a la gloria de haber dado a la luz una vida nueva. Queridos hermanos y hermanas, este Salmo nos enseña que, en nuestra oración, debemos permanecer siempre abiertos a la esperanza y firmes en la fe en Dios. Nuestra historia, aunque marcada a menudo por el dolor, las inseguridades y momentos de crisis, es una historia de salvación y de &#8220;restablecimiento de la suerte&#8221;. En Jesús termina nuestro exilio, toda lágrima se enjuga, en el misterio de su Cruz, de la muerte transformada en vida, como el grano de trigo que se destruye en la tierra y se convierte en espiga.<em> Benedicto XVI, 13 de octubre de 2011</em>.</p>
<p><strong>Reflexión</strong></p>
<p>¡Cuánta alegría siente una familia al recibir un nuevo miembro! Es una alegría que llena el alma, pero ¿cuánto dolor se tuvo que sufrir? Mucho dolor durante algunos minutos u horas, pero ese dolor se ha transformado en todos en una alegría inmensa.</p>
<p>También, cuando van a operar a una persona, ésta se siente afligida y no piensa en otra cosa que en lo que le está sucediendo, pero cuando ha pasado todo, después de esas horas de suspenso, se siente tranquila y en paz, hasta con una mayor alegría de seguir el camino con vida.</p>
<p>Así es la vida del hombre, los dolores siempre preceden a las alegrías, y a veces es al revés. Nunca hay un estado perpetuo de alegría o de dolor, siempre habrá una luz de esperanza en las noches de más grande inquietud.</p>
<p>Cristo nos quiere prevenir en este pasaje que no estaremos solos por mucho tiempo, sino que siempre le tendremos a Él cerca, y así nuestro dolor por la separación se transformará en alegría cuando le veamos de nuevo. No perdamos la esperanza, Cristo siempre regresará, aunque no lo veamos. Pidámosle la gracia de darnos mayor confianza en su palabra, y así esperarle con alegría.</p>
<p><strong>Propósito</strong></p>
<p>Al enfrentar una dificultad, pediré ayuda a Dios en vez de confiar sólo en mis propias fuerzas.</p>
<p><strong>Diálogo con Cristo</strong></p>
<p>Señor, lo único que hace triunfar el mal es la desconfianza, el abatimiento ante los problemas, olvidando que Tú eres el Creador, el Dueño y Señor de la vida. Por eso puedo vivir la alegría en el dolor, porque por la fe y la esperanza, sé que todo tiene un sentido y que Tú nunca me dejas en el sufrimiento, y el mal y la injusticia nunca tienen la última palabra. ¡Gracias, Padre bueno, por la fidelidad de tu amor! </strong></div>
<div></div>
<div></div>
<div>Autor: P. José Rodrigo Escorza | Fuente: Catholic.net</div>
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		<title>Eucaristía: el Misterio de Fe</title>
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		<pubDate>Thu, 17 May 2012 12:14:39 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Administrador</dc:creator>
				<category><![CDATA[Otros Recursos]]></category>

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		<description><![CDATA[
¿Por qué llamamos a la eucaristía Misterio de Fe?
Porque la Eucaristía requiere y presupone la fe.
Se nos dice que es Cristo quien celebra la Eucaristía, y vemos a un hombre subir las gradas del altar, y oímos una voz humana, y vemos un rostro humano y unas facciones humanas. ¡Qué fe!
Se nos dice que asistimos al Calvario,... <a href="http://parroquiadesandiego.co.cr/eucarista-el-misterio-de-fe/"> [Continuar Leyendo]</a>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://parroquiadesandiego.co.cr/wp-content/uploads/2012/05/benedicto-eucaristia.jpg"><img class="alignnone size-full wp-image-9443" title="benedicto-eucaristia" src="http://parroquiadesandiego.co.cr/wp-content/uploads/2012/05/benedicto-eucaristia.jpg" alt="" width="100" height="150" /></a></p>
<p>¿Por qué llamamos a la eucaristía <em>Misterio de Fe</em>?</p>
<p>Porque la Eucaristía requiere y presupone la fe.</p>
<p>Se nos dice que es Cristo quien celebra la Eucaristía, y vemos a un hombre subir las gradas del altar, y oímos una voz humana, y vemos un rostro humano y unas facciones humanas. <strong>¡Qué fe!</strong></p>
<p>Se nos dice que asistimos al Calvario, al Viernes Santo, y vemos unas paredes frías, unos bancos o sillas. <strong>¡Qué fe!</strong></p>
<p>Se nos dice que Dios nos habla en las lecturas, y escuchamos una voz humana, a veces femenina, a veces masculina.<strong>¡Qué fe!</strong></p>
<p>Se nos dice que todos los ángeles asisten absortos y comparten nuestra misa, alrededor del altar, y nosotros sólo vemos unas velas, un mantel y unos monaguillos, y gente de carne y hueso. ¿Dónde se han escondido los ángeles?<strong>¡Qué fe!</strong></p>
<p>Se nos dice que Dios está real y sacramentalmente ahí presente, bajo las especies del pan y vino, y nuestros ojos no ven nada, sólo oímos una voz humana, a veces entrecortada por sollozos o por algún ruido de niños. <strong>¡Qué fe!</strong></p>
<p>Se nos dice que, después de la consagración, ese trozo de pan que vemos es el Cuerpo de Cristo, y nos sabe a pan, y sólo a pan, y vemos pan, sólo pan. Y sin embargo, ¡es verdaderamente el cuerpo de Cristo! <strong>¡Qué fe!</strong></p>
<p>Se nos dice que somos una comunidad de hermanos, y vemos a veces a gente extraña, que ni siquiera conocemos y con la que no siempre estamos en plena comunión. <strong>¡Qué fe!</strong></p>
<p>Se nos dice que la Misa termina en misión, y resulta que yo termino igual, vuelvo a casa a hacer lo mismo de siempre, a la rutina de siempre, a las penas de siempre, a los sufrimientos de siempre.</p>
<p>Sí, la eucaristía es un misterio de fe. Y sólo quien tiene fe, podrá entrar en esa tercera dimensión que se requiere para vivirla y disfrutarla.</p>
<p>¿Cómo preparó Cristo a sus discípulos para la eucaristía, misterio de fe?</p>
<p>Primero en Cafarnaúm les hizo la promesa. Después en Jerusalén, en el Cenáculo, la institución. Allí hizo realidad la gran promesa.</p>
<p>Lo veían día a día entregado a los demás. Se hacía pan tierno para los niños, consuelo para los tristes, consejo para los suyos, médico para los enfermos. Jesús vivía a diario las exigencias de la eucaristía. Donación y banquete que alimenta, sacrificio que se ofrece, presencia que consuela.</p>
<p>La Eucaristía no son ideas bonitas, no son discursos demostrativos. Es un Pan que se ofrece, una Sangre que se derrama y limpia, una Presencia que conforta y consuela. Y esto fue Cristo durante su vida aquí, en la tierra, y hoy, en la eucaristía, en cada Sagrario. Y, mañana, en el cielo.</p>
<p>Llegó el día de la gran promesa que narra San Juan en el capítulo 6 de su evangelio: <em>Yo soy el Pan vivo; quien me come, vivirá. El pan que les daré es mi carne, para la vida del mundo</em>. Sonaba duro: comer su carne, beber su sangre, no estaban acostumbrados a ese lenguaje.</p>
<p>¿Cuál fue la repuesta de los oyentes?</p>
<p>La incredulidad. Muchos le abandonaron, les parecía un escándalo, les parecía una irracionalidad, les parecía un canibalismo. ¡Esto es insoportable! Este rechazo fue ciertamente una profunda desilusión para Jesús.</p>
<p>Miró a sus Apóstoles, esperando encontrar en ellos la fe, la adhesión, el afecto: <em>¿También vosotros queréis marcharos?</em>. Jesús estaba dispuesto a dejarlos irse si no creían en la eucaristía, que acababa de anunciarles. Es que no es posible seguir a Cristo sin creer en la eucaristía.</p>
<p>Afortunadamente, la confesión de Pedro, en nombre de todos, permitió a los apóstoles continuar en el seguimiento del Maestro. Jesús siempre exigió la fe en la eucaristía. Sólo con la fe y desde la fe, comulgando obtendremos los frutos que Él nos quiere dar. Si no, sólo recibimos un trozo de pan, pero sin ningún fruto.</p>
<p>La Eucaristía requiere un impulso de fe siempre renovado. Hay que dar un gran salto, de lo visible a lo invisible. Esto se da en cada Sacramento. Ese salto es la fe.</p>
<p>Jesús pidió fe a sus primeros seguidores. ¿Acaso queréis iros? Renovemos nuestra fe cada vez que vivamos la eucaristía. Señor, creemos, pero aumenta nuestra credulidad. Creemos, pero queremos crecer en nuestra fe.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Autor: P. Antonio Rivero LC | Fuente: Catholic.net</p>
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		<title>Una matemática atea y proaborto siente a los 47 años a Dios en un oratorio y cambia al Che por Jesús</title>
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		<pubDate>Wed, 16 May 2012 22:22:53 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Administrador</dc:creator>
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		<description><![CDATA[&#8220;Me dí cuenta de que Dios existía. Tener que enfrentar ese cambio a esa edad no fue fácil&#8221;, cuenta la profesora chilena en un vídeo.

&#8220;A los 47 años me dí cuenta de que Dios existía. Tener que enfrentar ese cambio a esa edad no fue fácil&#8221;. Así describe su experiencia Lilian Kirsten, una profesora de... <a href="http://parroquiadesandiego.co.cr/una-matemtica-atea-proaborto-siente-los-47-aos-dios-en-oratorio-cambia-al-che-por-jess/"> [Continuar Leyendo]</a>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>&#8220;Me dí cuenta de que Dios existía. Tener que enfrentar ese cambio a esa edad no fue fácil&#8221;, cuenta la profesora chilena en un vídeo.</p>
<p><a href="http://parroquiadesandiego.co.cr/wp-content/uploads/2012/05/E-_web_religionenlibertad.com_html_imagenes_fotosdeldia_10770_lilian_kirsten.jpg"><img class="alignnone size-thumbnail wp-image-9438" title="E-_web_religionenlibertad.com_html_imagenes_fotosdeldia_10770_lilian_kirsten" src="http://parroquiadesandiego.co.cr/wp-content/uploads/2012/05/E-_web_religionenlibertad.com_html_imagenes_fotosdeldia_10770_lilian_kirsten-150x150.jpg" alt="" width="150" height="150" /></a></p>
<p>&#8220;A los 47 años me dí cuenta de que Dios existía. Tener que enfrentar ese cambio a esa edad no fue fácil&#8221;. Así describe su experiencia Lilian Kirsten, una profesora de Matemáticas chilena que se convirtió a la fe católica al descubrir que era hija de Dios y que le llevó a cambiar la rebeldía de su ídolo el Che Guevara por la de San Josemaría, el Fundador del Opus Dei.</p>
<p>Al relatar su conversión, la matemática describe cómo toda su vida estuvo marcada por el ateísmo militante: sus convicciones eran ateas, su esposo era ateo, todos sus amigos eran ateos. &#8220;Todo lo espiritual, no existía&#8221;, confiesa. Sin embargo, en el interior de un oratorio al que había acudido al experimentar lo que ella llama un &#8220;vacío existencial&#8221;, irrumpió en ella la conciencia de la presencia del Señor que le transformó la vida y la llenó de felicidad.</p>
<p>Comencé a estudiar en la décad de los 70, una época bastante agitada políticamente. Salíamos con piedras y marchas y mucho asambleísmo&#8221;, rememora ahora en la ciudad de Concepción. &#8220;El Che Guevara era para nosotros un modelo: era un rebelde que se rebelaba contra la injusticia del mundo&#8221;.</p>
<p>&#8220;Cuando pienso en esa época, la persona humana no tenía ningún valor. Cuando se hablaba de aborto, esa persona para mí no tenía ningún valor. Además, más chiquitita, menos valor&#8221;, revela en cuando recuerda sus años estudiantiles. &#8220;Uno es muy egosísta, muy centrada en una misma&#8221;, reflexiona hoy Lilian.</p>
<p>El dogma marxista de la lucha y conflicto no era sólo algo que escuchaba y sostenía ella en las aulas sino también algo que vivía en la intimidad de su hogar, con su esposo y sus hijos, situación que llevó a su familia a vivir una permanente situación de inseguridad, angustia y desencuentros.</p>
<p>&#8220;Había un desencanto. Hacía muchas cosas pero no les encontraba sentido. Yo podía vivir regiamente por fuera, pero interiormente tenía una rabia y un vacío interiores inmensos. Estaba viviendo muy mal. Allí es cuando aterrizas y si no tienes fe, te viene como un &#8220;vacío existencial&#8221;.</p>
<p>Un primer encuentro-desencuentro con San Josemaría Escrivá de Balaguer, fundador del Opus Dei, cuya imagen veía en las estampitas que tenían sus alumnas durante los exámenes (&#8220;¿Quién es este señor, que lo tienen como algo tan importante?&#8221;, se preguntaba) condujo a Lilian, finalmente, a un oratorio. Allí, de rodillas, y por primera vez,&#8230;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Fuente religionenlibertad.com</p>
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		<title>La guerra china contra las niñas</title>
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		<pubDate>Wed, 16 May 2012 22:15:59 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Administrador</dc:creator>
				<category><![CDATA[Otros Recursos]]></category>

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		<description><![CDATA[Edward Pentin
www.zenit.org

“La política china del hijo único provoca más violencia contra las mujeres y las niñas que cualquier otra política del mundo, que cualquier otra política oficial en la historia del mundo”.
Son las apasionadas palabras de Reggie Littlejohn, una fiscal de E.E.U.U que fundó el Women’s Rights Without Frontiers (Derechos de las mujeres sin fronteras),... <a href="http://parroquiadesandiego.co.cr/la-guerra-china-contra-las-nias/"> [Continuar Leyendo]</a>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Edward Pentin</strong><br />
www.zenit.org</p>
<p><a href="http://parroquiadesandiego.co.cr/wp-content/uploads/2012/05/00000758-constrain-450x450.jpeg"><img class="alignnone size-thumbnail wp-image-9433" title="00000758-constrain-450x450" src="http://parroquiadesandiego.co.cr/wp-content/uploads/2012/05/00000758-constrain-450x450-150x150.jpg" alt="" width="150" height="150" /></a></p>
<p>“La política china del hijo único provoca más violencia contra las mujeres y las niñas que cualquier otra política del mundo, que cualquier otra política oficial en la historia del mundo”.</p>
<p>Son las apasionadas palabras de Reggie Littlejohn, una fiscal de E.E.U.U que fundó el Women’s Rights Without Frontiers (Derechos de las mujeres sin fronteras), una coalición internacional en contra del aborto forzoso y la esclavitud sexual en China.</p>
<p>Una californiana que en su juventud trabajó junto a la Madre Teresa en los barrios pobres de Calcuta, Littlejohn comenzó en la política cuando representó a refugiados chinos que pedían asilo político en Estados Unidos en 1990.</p>
<p>“Primero fueron perseguidos por ser cristianos y esterilizados a la fuerza”, recordó. Esto abrió dos mundos nuevos para mí, que no conocía antes”, dijo.</p>
<p align="center"><strong>Brutalidad del aborto forzado</strong></p>
<p>Hablando con Zenit en una visita reciente a Roma, Littlejohn resumió la política del hijo único con un titular: “la guerra de China contra mujeres y niñas”. Los abortos forzosos entre las mujeres que violan la política son comunes en el país y a veces los practican cuando ya se han cumplido los nueves meses de embarazo. Pueden ser muy violentos, dijo Littlejohn, “las mujeres mueren junto a sus bebés al final del embarazo”.</p>
<p>Pero la brutalidad del aborto forzado no es la única violación de los derechos humanos causada por la tristemente famosa “política de planificación familiar”. Esto conduce a un ‘génerocidio’ por la preferencia tradicional china por los varones, siendo las niñas objeto desproporcionado del aborto, abandono e infanticidio. Esto conduce tanto a una esclavitud sexual como a la eliminación de bebés niñas, que ha provocado un aumento del tráfico de mujeres de los países vecinos a China, ya que hay 37 millones de hombres más que mujeres.</p>
<p>Y aunque la conexión no se ha probado del todo, esta política puede ser la causa del elevado porcentaje de suicidios femeninos en China (la Organización Mundial de la Salud dice que es el país con el porcentaje de suicidios de mujeres más alto del mundo, con aproximadamente 500 mujeres chinas que terminan con su vida cada día). “No creo que no esté relacionado con el aborto forzoso, con la esterilización forzosa y con el infanticidio”, dijo Littlejohn.</p>
<p align="center"><strong>13 millones de abortos al año</strong></p>
<p>Las estadísticas relacionadas con la política del hijo único son asombrosas. Desde que comenzó aplicarse en 1979, las autoridades informan de que se han evitado 400 millones de vidas. El gobierno dice también que se realizan 13 millones de abortos cada año. Esto son 1.458 abortos realizados cada 60 minutos o, como Littlejohn afirmó, “una masacre como la de la plaza de Tiananmen cada hora”.</p>
<p>“Lo irónico de esto es que China instituyó esta política del hijo único por razones económicas”, explicó Littlejohn. “Se querían reducir las raciones de arroz con el fin de ahorrar dinero, pero esto se ha convertido en una sentencia de muerte económica para China”.</p>
<p>Ella da razones para esto. La primera es la disparidad de sexos, 37 millones más de hombres, lo que conduce a un tráfico humano y a la esclavitud sexual entre China y los países de alrededor. La segunda es que China sufrirá pronto el envejecimiento de la población sin gente joven que lo apoye. Ella lo llama un “tsunami senior” que predice que ocurrirá alrededor de 2030.</p>
<p>“No tienen seguridad social y que yo sepa no tiene ningún plan efectivo de como manejar la situación de esta población de mayores que se va a producir pronto”, dijo.</p>
<p>Por esta razón está preocupada “por el principio de la vida y por el final”, comentó Littlejohn, y teme que de la misma manera que han forzado el aborto al principio de la vida, “¿no forzarán el final de la vida cuando se enfrenten a este “tsunami senior?”. Destacó que los chinos tienen una cultura de respeto a los mayores, pero se pregunta si el apoyo a la eutanasia ganará terreno cuando los frutos de la política demográfica se empiecen a dar.</p>
<p>“Claramente no tiene sentido continuar con la política del hijo único, entonces ¿por qué la mantienen?. “Creo que la razón no es tanto una forma de control de la población sino más bien una forma de control social”.</p>
<p align="center"><strong>Mantener el rumbo</strong></p>
<p>Las autoridades chinas han afirmado que la política se mantendrá inalterada hasta al menos 2015, aunque recientemente se ha insinuado que se permitirán dos hijos.</p>
<p>Sin embargo, Littlejohn dice que no se puede evitar el aborto forzoso, la esterilización o el infanticidio. Tampoco es probable que mejore la demografía de la nación. Una política de dos hijos ya se permite en las zonas rurales y entre las minorías si el primero en nacer es una niña, pero se ha hecho poco para evitar la difusión del aborto de niñas en un país que tiene preferencia por los chicos.</p>
<p>A pesar de la difusión de la violencia y del trauma infringidos por las autoridades, los gobiernos occidentales han hecho muy poco para presionar a China hacia el cambio. “Han sido decepcionantemente débiles”, cree Littlejohn. “Este debería ser el tema más importante para los activistas pro-derechos humanos debido al tamaño de China. Uno de cada cinco seres humanos vive bajo el terror de la política china del hijo único. Y no sólo mujeres, también hombres. La gente dice que porque las mujeres no huyen para tener a sus bebés. Si ella lo hace, sufren las represalias sus padres, hermanos y maridos”.</p>
<p>Cuenta que la Secretaria de Estado de E.E.U.U, Hillary Clinton ha “hablado mucho” sobre el aborto forzoso chino, y que la Casa Blanca de Obama la ha invitado a informar sobre el tema y la ha escuchado con preocupación. Pero añade que esta campaña no se “ha traducido en ninguna acción” todavía. Littlejohn cree que los gobiernos no se quieren arriesgar “porque deben a China mucho dinero”.</p>
<p align="center"><strong>*****</p>
<p>Su apoyo puede salvar vidas</strong></p>
<p>En esta dirección se puede ver un breve vídeo realizado por Women’s Rights Without Frontiers sobre la política del hijo único: www.youtube.com/watch?v=JjtuBcJUsjY</p>
<p>Y aquí se puede firmar una petición internacional contra el aborto forzoso y la esclavitud sexual en China:www.womensrightswithoutfrontiers.org/index.php?nav=sign_our_petition</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Fuente elecocatolico.org</p>
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		<title>No hay grito humano que no sea escuchado por Dios, dice Benedicto XVI</title>
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		<pubDate>Wed, 16 May 2012 22:11:13 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Administrador</dc:creator>
				<category><![CDATA[Otros Recursos]]></category>

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		<description><![CDATA[VATICANO, 16 May. 12 / 10:31 am (ACI/EWTN Noticias).- 
Al reflexionar en la audiencia general de hoy sobre la oración en las cartas de San Pablo, el Papa Benedicto XVI señaló que &#8220;no hay ningún grito humano que no sea escuchado por Dios&#8221;, especialmente en la oración que libera a la persona de la esclavitud y permite sobrellevar el... <a href="http://parroquiadesandiego.co.cr/hay-grito-humano-sea-escuchado-por-dios-dice-benedicto-xvi/"> [Continuar Leyendo]</a>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>VATICANO, 16 May. 12 / 10:31 am (<strong>ACI/EWTN Noticias</strong>).- <a href="http://parroquiadesandiego.co.cr/wp-content/uploads/2012/05/papablanco.jpg"><img class="alignnone size-thumbnail wp-image-9429" title="papablanco" src="http://parroquiadesandiego.co.cr/wp-content/uploads/2012/05/papablanco-150x150.jpg" alt="" width="150" height="150" /></a></p>
<p>Al reflexionar en la audiencia general de hoy sobre la oración en las cartas de San Pablo, el Papa Benedicto XVI señaló que &#8220;no hay ningún grito humano que no sea escuchado por Dios&#8221;, especialmente en la oración que libera a la persona de la esclavitud y permite sobrellevar el sufrimiento.</p>
<p>Ante miles de fieles reunidos en la Plaza de San Pedro esta mañana, el Papa explica que la oración es fundamentalmente la obra de Dios en cada uno, que permite el diálogo profundo e íntimo con el Señor a través del Espíritu Santo.</p>
<p>&#8220;En la oración, nosotros experimentamos, más que en otras dimensiones de la existencia, nuestra debilidad, nuestra pobreza, nuestro ser criaturas, porque nos encontramos ante la omnipotencia y la trascendencia de Dios&#8221;.</p>
<p>El Papa subrayó luego que &#8220;cuanto más avanzamos en la escucha y en diálogo con Dios, para que la oración se convierta en el aliento cotidiano de nuestra alma, tanto más se percibe también el sentido de nuestras limitaciones, no sólo frente a las situaciones concretas de cada día, sino también en nuestra propia relación con el Señor&#8221;.</p>
<p>Según señala la nota de Radio Vaticano, el Papa explicó tres consecuencias en la <a href="http://www.aciprensa.com/vida">vida</a> cristiana cuando &#8220;dejamos que obre en nosotros no el espíritu del mundo, sino el Espíritu de Cristo como principio interior de todas nuestras acciones&#8221;.</p>
<p>&#8220;En primer lugar, con la oración animada por el Espíritu se nos da la posibilidad de abandonar y de superar toda forma de miedo o de esclavitud, viviendo la auténtica libertad de los hijos de Dios&#8221;, dijo el Papa.</p>
<p>&#8220;Sin la oración que alimenta cada día nuestro estar en Cristo, en una intimidad que crece progresivamente, nos encontramos en la condición descrita por San Pablo, en la Carta a los Romanos: no hacemos el bien que queremos, sino el mal que no queremos&#8221;.</p>
<p>El Papa dijo luego que &#8220;la libertad del Espíritu –añade san Pablo – nunca se identifica ni con el libertinaje, ni con la posibilidad de elegir el mal, sino con ‘el fruto del Espíritu que es: amor, alegría y paz, magnanimidad, afabilidad, bondad y confianza, mansedumbre y temperancia’&#8221;.</p>
<p>La segunda consecuencia es &#8220;que la misma relación con Dios llega a ser tan profunda, que nunca se ve afectada por cualquier hecho o situación. Entonces comprendemos que con la oración no quedamos liberados de pruebas o de sufrimientos, sino que podemos vivirlos en unión con Cristo, con sus sufrimientos, con la perspectiva de participar también en su gloria&#8221;.</p>
<p>&#8220;Muchas veces, en nuestra oración, le pedimos a Dios que nos libere del dolor físico y espiritual y lo hacemos con gran confianza. Sin embargo, a menudo tenemos la impresión de no ser escuchados, por lo que corremos el riesgo de desalentarnos y de no perseverar. En realidad, no hay ningún grito humano que no sea escuchado por Dios&#8221;.</p>
<p>Benedicto XVI resaltó que &#8220;la oración no nos exime de la prueba y del sufrimiento, aún más –dice San Pablo– que ‘gemimos interiormente aguardando la adopción como hijos y anhelando que se realice la redención de nuestro cuerpo’&#8221;.</p>
<p>&#8220;Por medio de la cruz y de la muerte, Dios ha respondido con la resurrección del Hijo y con la vida nueva. La oración animada por el Espíritu Santo nos lleva también a nosotros a vivir cada día el camino de la vida, con sus pruebas y sufrimientos, con plena esperanza y confianza en Dios, que nos responde como le respondió al Hijo&#8221;, aseguró.</p>
<p>La tercera consecuencia, dijo el Papa Benedicto, &#8220;es que la oración del creyente se abre también a las dimensiones de la humanidad y de la creación entera, haciéndose cargo de que ‘en efecto, toda la creación espera ansiosamente esta revelación de los hijos de Dios’&#8221;.</p>
<p>&#8220;Esto significa que la oración, sostenida por el Espíritu de Cristo que habla en lo más profundo de nosotros mismos, nunca se queda encerrada en sí misma –nunca es sólo rezar por mí– sino que se abre al compartir los sufrimientos de nuestro tiempo y de los demás&#8221;.</p>
<p>De esa forma, explicó el Pontífice, la oración &#8220;se vuelve intercesión por los demás, y, por lo tanto, liberación de mí mismo, canal de esperanza para toda la creación, expresión de ese amor de Dios que se derrama en nuestros corazones por medio del Espíritu Santo que nos ha sido dado&#8221;.</p>
<p>&#8220;Y precisamente ello es un signo de verdadera oración, que nunca se finaliza sobre mi mismo yo, sino que se abre a los demás. De forma que me libera y ayuda a redimir al mundo&#8221;.</p>
<p>&#8220;San Pablo nos enseña que en nuestra oración, tenemos que abrirnos a la presencia del Espíritu Santo, que ora en nosotros con gemidos inefables, para llevarnos a adherirnos a Dios con todo nuestro corazón y con todo nuestro ser&#8221;.</p>
<p>Así, prosiguió Benedicto XVI, &#8220;el Espíritu de Cristo se vuelve la fuerza de nuestra oración &#8216;débil&#8217;, la luz de nuestra oración, &#8216;apagada&#8217;, el fuego de nuestra oración &#8216;árida&#8217;, donándonos la verdadera libertad interior, enseñándonos a vivir afrontando las pruebas de la existencia, con la certeza de que no estamos solos, y abriéndonos a los horizontes de la humanidad y de la creación que ‘gime y sufre dolores de parto’&#8221;.</p>
<p>En su saludo en español, el Papa invitó a todos a &#8220;pedir al Señor, que su Espíritu sea nuestra fuerza para afrontar las pruebas con la esperanza de estar radicados en Dios. Muchas gracias&#8221;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Fuente aciprensa.com</p>
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		<title>La Virgen María en la Sagrada Escritura</title>
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		<pubDate>Mon, 07 May 2012 18:56:50 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Administrador</dc:creator>
				<category><![CDATA[Acontecer Parroquial]]></category>
		<category><![CDATA[Otros Recursos]]></category>

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		<description><![CDATA[La Anunciación es el momento en que Nuestra Señora conoce con claridad la vocación a que Dios la había destinado desde siempre.

PRINCIPALES PASAJES EN EL NUEVO TESTAMENTO
&#160;
La Anunciación
Lucas 1,26?38.
26. En el sexto mes fue enviado el ángel Gabriel de parte de Dios a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret &#8221; 27 a una virgen desposada... <a href="http://parroquiadesandiego.co.cr/la-virgen-mara-en-la-sagrada-escritura/"> [Continuar Leyendo]</a>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>La Anunciación es el momento en que Nuestra Señora conoce con claridad la vocación a que Dios la había destinado desde siempre.</p>
<p><a href="http://parroquiadesandiego.co.cr/wp-content/uploads/2012/05/1187168955.jpg"><img class="alignnone size-thumbnail wp-image-9417" title="1187168955" src="http://parroquiadesandiego.co.cr/wp-content/uploads/2012/05/1187168955-150x150.jpg" alt="" width="150" height="150" /></a></p>
<p><strong>PRINCIPALES PASAJES EN EL NUEVO TESTAMENTO</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>La Anunciación</strong></p>
<p><em>Lucas 1,26?38.</em></p>
<p>26. En el sexto mes fue enviado el ángel Gabriel de parte de Dios a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret &#8221; 27 a una virgen desposada con un varón de nombre José, de la casa de David, y el nombre de la 28 virgen era María. Y habiendo entrado el ángel donde ella estaba, le dijo: Dios te salve, llena de gracia, el Señor es contigo, bendita tú entre las mujeres . 29Ella se turbó al oír estas palabras, y consideraba qué significaría esta salutación . 30 Y el ángel le dijo: No temas, María, porque has hallado gracia delante de Dios: 31 concebirás en tu seno y darás a luz un hijo, y le podrás por nombre Jesús. 32 Será grande y será llamado Hijo del Altísimo, el Señor Dios le dará el trono de David, su padre, 33 reinará eternamente sobre la casa de Jacob, y su reino no tendrá fin. 34 María dijo al ángel: ¿De qué modo se liará esto, pues no conozco varón? 3,5Respondió el ángel y le dijo: El Espíritu Santo descenderá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el Santo que nacerá de ti, será 36 llamado Hijo de Dios. Y ahí tienes a tu prima Isabel, que en su ancianidad ha concebido también un hijo, y la que era llamada 37estéril, hoy cuenta ya el sexto mes, porque para Dios no hay nada 38 imposible. María dijo: He aquí la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra. Y el ángel se retiró de su presencia.</p>
<p>*Comentarios</p>
<p>N.B. Los números que se anotan a la izquierda y al inicio del comentario corresponden al versículo que se trata.</p>
<p>Con gran sencillez narra San Lucas el magno acontecimiento. Con cuánta atención, reverencia y amor hemos de leer estas palabras del Evangelio, rezar piadosamente el Angelus cada día, siguiendo la extendida devoción cristiana, y contemplar el primer misterio gozoso del santo Rosario.</p>
<p>26. La Anunciación a María y Encarnación del Verbo es el hecho más maravilloso, el misterio más entrañable de las relaciones de Dios con los hombres y el acontecimiento más trascendental de la Historia de la humanidad. ¡Que Dios se haga Hombre y para siempre! ¡Hasta dónde ha llegado la bondad, misericordia y amor de Dios por nosotros, por todos nosotros! Y, sin embargo, el día en que la Segunda Persona de la Santísima Trinidad asumió la débil naturaleza humana de las entrañas purísimas de Santa María, nada extraordinario sucedía, aparentemente, sobre la faz de la tierra.</p>
<p>27. Dios quiso nacer de una madre virgen. Así lo había anunciado siglos antes por medio del profeta Isaías (cfr. Is 7,14; Mt 1,22?23). Dios, «desde toda la eternidad, la eligió y señaló como Madre para que su Unigénito Hijo tomase carne y naciese de Ella en la plenitud dichosa de los tiempos; y en tal grado la amó por encima de todas las criaturas, que sólo en Ella se complació con señaladísima complacencia» (Ineffabilis Deus). Este privilegio de ser virgen y madre al mismo tiempo, concedido a Nuestra Señora, es un don divino, admirable y singular. Dios «tanto engrandeció a la Madre en la concepción y en el nacimiento del Hijo, que le dio fecundidad y la conservó en perpetua virginidad» (Catecismo Romano, 1, 4,8). Pablo VI ha propuesto nuevamente esta verdad de fe: «Creemos que la bienaventurada María, que permaneció siempre Virgen, fue la Madre del Verbo encarnado, Dios y Salvador nuestro Jesucristo» (El Credo del Pueblo de Dios, n.17).</p>
<p>28. «¡Dios te salve!»: Literalmente el texto griego dice: ¡alégrate! Es claro que se trata de una alegría totalmente sin gular por la noticia que le va a comunicar a continuación.</p>
<p>«Llena de gracia»: El arcángel manifiesta la dignidad y honor de María con este saludo inusitado. Los Padres y Doctores de la Iglesia «enseñaron que con este singular y solemne saludo, jamás oído, se manifestaba que la Madre de Dios era asiento de todas las gracias divinas y que estaba adornada de todos los carismas del Espíritu Santo», por lo que «jamás estuvo sujeta a maldición», es decir, estuvo inmune de todo pecado. Estas palabras del arcángel constituyen uno de los textos en que se revela el dogma de la Inmaculada Concepción de María (cfr.<em> Ineffabilis Deus</em>; El Credo del Pueblo de Dios, n. 14).</p>
<p>«El Señor es contigo»: No tienen estas palabras un mero sentido deprecatorio (el Señor sea contigo), sino afirmativo (el Señor está contigo), y en relación muy estrecha con la Encar­nación. San Agustín glosa la frase «el Señor es contigo» poniendo en boca del arcángel estas palabras: «Más que conmigo, El está en tu corazón, se forma en tu vientre, llena tu alma, está en tu seno» (Sermo de Nativitate Domimi, 4).</p>
<p>«Bendita tú entre las mujeres»: Dios la exalta sobre todas las mujeres. Más excelente que Sara, Ana, Débora, Raquel, Judith, etc., por el hecho de que sólo Ella tiene la suprema dignidad de haber sido elegida para ser Madre de Dios.</p>
<p>29?30. Se turbó Nuestra Señora, más que por la presencia del ángel, por la confusión y la sorpresa que producen en las personas verdaderamente humildes las alabanzas dirigidas a ellas. Por eso el Evangelio señala no que se turbó de la presencia del ángel sino «al oír estas palabras».</p>
<p>30. La Anunciación es el momento en que Nuestra Señora conoce con claridad la vocación a que Dios la había destinado desde siempre. Cuando el arcángel la tranquiliza y le dice «no temas María», le está ayudando a superar ese temor inicial que, de ordinario, se presenta en toda vocación divina. El hecho de que le haya ocurrido a la Santísima Virgen nos indi ca que no hay en ello ni siquiera imperfección: es una reacción natural ante la grandeza de lo sobrenatural. Imperfección sería no superarlo, o no dejarnos aconsejar por quienes, como San Gabriel a Nuestra Señora, pueden ayudarnos.</p>
<p>31-33. El arcángel Gabriel comunica a la Santísima Virgen su maternidad divina, recordando las palabras de Isaías que anunciaban el nacimiento virginal del Mesías y que ahora se cumplen en Santa María (cfr. Mt. 1,22?23; Is. 7,14).</p>
<p>Se revela que el Niño será «grande»: la grandeza le viene por su naturaleza divina, porque es Dios, y tras la Encarnación no deja de serlo, sino que asume la pequeñez de la humanidad. Se revela también, que Jesús será el Rey de la dinastía de David, enviado por Dios según las promesas de Salvación; que su Reino «no tendrá fin»: porque su humanidad permanecerá para siempre indisolublemente unida a su divinidad; que «será llamado Hijo del Altísimo»: indica ser realmente Hijo del Altísimo y ser reconocido públicamente como tal, es decir, el Niño será el Hijo de Dios.</p>
<p>En el anuncio del arcángel se evocan, pues, las antiguas profecías que anunciaban estas prerrogativas. María, que conocía las Escrituras Santas, entendió claramente que iba a ser Madre de Dios. Esto explica la turbación que experimentó la Virgen en el primer momento del anuncio.</p>
<p>34. La fe de María en las palabras del arcángel fue absoluta; no duda como dudó Zacarías (cfr Lc. 1,18). La pregunta de la Virgen «de qué modo se hará esto» expresa su prontitud para cumplir la Voluntad divina ante una situación que pare ce a primera vista contradictoria: por un lado Ella tenía certeza de que Dios le pedía conservar la virginidad; por otro lado, también de parte de Dios, se le anunciaba que iba a ser madre. Las palabras inmediatas del arcángel declaran el misterio del designio divino y lo que parecía imposible, según las leyes de la naturaleza, se aplica por una singularísima intervención de Dios.</p>
<p>El propósito de María de permanecer virgen fue ciertamente algo singular, que rompía el modo ordinario de proceder de los justos del Antiguo Testamento, en el cual, como expone San Agustín, «atendiendo de modo particularísimo a la propagación y crecimiento del pueblo de Dios, que era el que había de profetizar y de donde había de nacer el Príncipe y Salvador del mundo, los santos hubieron de usar del bien del matrimonio» (<em>De bono matrimonii</em>, 9,9). Hubo, sin embargo, en el Antiguo Testamento algunos hombres que por designio de Dios permanecieron célibes, como jeremías, Elías, Eliseo y Juan Bautista. La Virgen Santísima, inspirada de modo muy particular por el Espíritu Santo para vivir plenamente la virginidad, es ya una primicia del Nuevo Testamento, en el que la excelencia de la virginidad sobre el matrimonio cobrará todo su valor, sin menguar la santidad de la unión conyugal que es elevada a la dignidad de sacramento (cfr. Conc. Vat. II, Const. past. <em>Gaudium et spes</em>, n.48).</p>
<p>35. La «sombra» es un símbolo de la presencia de Dios. Cuando Israel caminaba por el desierto, la gloria de Dios llenaba el Tabernáculo y una nube cubría el Arca de la Alianza (Ex. 40, 34?36). De modo semejante cuando Dios entregó a Moisés las tablas de la Ley, una nube cubría la montaña del Sinaí (Ex. 24,15?16), y también en la Transfiguración de Jesús se oye la voz de Dios Padre en medio de una nube (Lc. 9,34).</p>
<p>En el momento de la Encarnación el poder de Dios arropa con su sombra a Nuestra Señora. Es la expresión de la acción omnipotente de Dios. El Espíritu de Dios ?que, según el relato del Génesis (1,2), se cernía sobre las aguas dando vida a las cosas? desciende ahora sobre María. Y el fruto de su vientre será obra del Espíritu Santo. La Virgen María, que fue concebida sin mancha de pecado (cfr. Enc. Ineffabilis Deus), queda después de la Encarnación constituida en nuevo Tabernáculo de Dios. Este es el Misterio que recordamos todos los días en el rezo del Ángelus.</p>
<p>38. Una vez conocido el designio divino, Nuestra Señora se entrega a la Voluntad de Dios con obediencia pronta y sin reservas. Se da cuenta de la desproporción entre lo que va a ser ?Madre de Dios? y lo que es ?una mujer?. Sin embargo, Dios lo quiere y nada es imposible para El, y por esto nadie, es quien para poner dificultades al designio divino. De ahí que, juntándose en María la humildad y la obediencia, pronunciará el sí a la llamada de Dios con esa respuesta perfecta: «He aquí la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra».</p>
<p>1</p>
<p>El Evangelio nos hace contemplar a la Virgen Santísima como ejemplo perfecto de pureza (&#8220;no conozco varón&#8221;); de humildad (&#8220;he aquí la esclava del Señor&#8221;); de candor y sencillez (&#8220;de qué modo se hará esto&#8221;); de obediencia y de fe viva (&#8220;hágase en mí según tu palabra&#8221;). &#8220;Tratemos de aprender, siguiendo su ejemplo en la obediencia a Dios, en esa delicada combinación de esclavitud y de señorío. En María no hay nada de aquella actitud de las vírgenes necias, que obedecen, pero alocada mente. Nuestra Señora oye con atención lo que Dios quiere, pondera lo que no entiende, pregunta lo que no sabe. Luego, se entrega toda al cumplimiento de la Voluntad divina: he aquí la esclava del Señor hágase en mí según tu palabra (Lc. 1, 38). ¿Veis la maravilla? Santa María, maestra de toda nuestra conducta, nos enseña ahora que la obediencia a Dios no es servilismo, no sojuzga la conciencia: nos mueve íntimamente a que descubramos la libertad de los hijos de Dios (cfr. Rom. 8, 21)&#8221; (Josemaría Escrivá … Es Cristo que pasa, n. 173).</p>
<p><strong>La Visitación</strong></p>
<p>Lucas 1,39?45.</p>
<p>39. Por aquellos días, María se levantó, y marchó deprisa a la montaña, a una ciudad de Judá &#8221; . 40 y entró en casa de Zacarías y 41 saludó a Isabel. Y en cuanto oyó Isabel el saludo de María, el niño saltó de gozo en su seno, e Isabel quedó llena del Espíritu Santo, 42 y exclamando en voz alta, dijo: Bendita tú entre las mujeres y 43 bendito es el fruto de tu vientre. ¿De dónde a mí tanto bien, que venga la madre de m¡ Señor a visitarme ? 44 Pues en cuanto llegó tu saludo a mis oídos, el niño saltó de gozo en mi seno.. 45 y bienaventurada tú que has creído, porque se cumplirán las cosas que se te han dicho de parte del Señor.</p>
<p>*Comentarios</p>
<p>&#8220;Caminarnos apresuradamente hacia las montañas, hasta un pueblo de la tribu de Judá (Lc. 1,39). Llegamos.?Es la casa donde va a nacer Juan, el Bautista. ?Isabel aclama, agradecida, a la Madre de su Redentor: ¡Bendita tú eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre! ?¿De dónde a mí tanto bien, que venga la Madre de mi Señor a visitarme? (Lc. 1,42?42). El Bautista nonnato se estremece… (Lc. 1,41).?La humildad de María se vierte en el Magníficat…?Y tú y yo, que somos ?que éramos? unos soberbios, prometemos que seremos humildes&#8221; Josemaría Escrivá de Balaguer, Santo Rosario, segundo misterio gozoso).</p>
<p>39. Nuestra Señora al conocer por la revelación del ángel la necesidad en que se hallaba su prima Santa Isabel, próxima ya al parto, se apresura a prestarle ayuda, movida por la caridad. la Virgen no repara en dificultades. Aunque no sabemos el lugar exacto donde se hallaba Isabel (hoy se supone que es Ayn Karim), en todo caso el trayecto desde Nazaret hasta la montaña de Judea suponía en la antigüedad un viaje de cuatro días.</p>
<p>42. Comenta San Beda que Isabel bendice a María con las mismas palabras usadas por el arcángel «para que se vea que debe ser honrada por los ángeles y por los hombres y que con razón se ha de anteponer a todas las mujeres» (<em>In Lucae expositio</em>, <em>Evangelium in loc</em>.).</p>
<p>En el rezo del Avemaría repetimos estas salutaciones divinas con las cuales «nos alegramos con María Santísima de su excelsa dignidad de madre de Dios y bendecimos al Señor y le damos gracias por habernos dado a Jesucristo por medio de María» (San Pío X, Catecismo Mayor, n.333).</p>
<p>43. Al llamar Isabel, movida por el Espíritu Santo, a María «Madre de mi Señor», manifiesta que la Virgen es Madre de Dios.</p>
<p>44. San Juan Bautista, aunque fue concebido en pecado ?el pecado original? como los demás hombres, sin embargo nació sin él porque fue santificado en las entrañas de su madre Santa Isabel ante la presencia de Jesucristo (entonces en el seno de María) y de la Santísima Virgen. Al recibir este beneficio divino San Juan manifiesta su alegría saltando de gozo en el seno materno. Estos hechos fueron el cumplimiento de la profecía del arcángel San Gabriel (cfr. Lc. 1,15).</p>
<p>45. Adelantándose al coro de todas las generaciones venideras, Isabel, movida por el Espíritu Santo, proclama bienaventurada a la Madre del Señor y alaba su fe. No ha habido fe como la de María; en Ella tenemos el modelo más acabado de cuales han de ser las disposiciones de la criatura ante su Creador: sumisión completa, acatamiento pleno. Con su fe, María es el instrumento escogido por el Señor para llevar a cabo la Redención como Mediadora universal de todas las gracias.</p>
<p>Este hecho de la vida de la Virgen tiene una clara enseñanza para los cristianos: hemos de aprender de Ella la solicitud por los demás. &#8220;No se puede tratar filialmente a María y pensar sólo en nosotros mismos, en nuestros propios problemas. No se puede tratar a la Virgen y tener egoístas problemas personales&#8221; Josemaría Escrivá de Balaguer, Es Cristo que pasa n. 145).</p>
<p><strong>El Magnificat</strong></p>
<p>Lc. 1,46?55.</p>
<p>María dijo: Mi alma glorifica al Señor, y mi espíritu se alegra en Dios m¡ Salvador: 48 porque ha puesto los ojos en la humildad de su esclava; por eso desde ahora me llamarán bienaven­turada todas las generaciones . 49 Porque ha hecho en mí cosas gran des el Todopoderoso, cuyo nombre es Santo 50 cuya misericordia se derrama de generación en generación sobre los que le temen. 51 manifestó el poder de su brazo, dispersó a los soberbios de corazón 52 Derribó a los poderosos de su trono y ensalzó a los humildes. 53 Colmó de bienes a los hambrientos, y a los ricos los despidió sin 54 nada. Acogió a Israel su siervo, recordando su misericordia, 55 según había prometido a nuestros padres, a Abrahán y a su descendencia para siempre.</p>
<p>*Comentarios</p>
<p>El cántico Magnificat que Nuestra Señora pronuncia en casa de Zacarías es de una singular belleza poética. Evoca algunos pasajes de] Antiguo Testamento que la Virgen había meditado (recuerda especialmente 1 Sam. 2,11?10).</p>
<p>En este cántico pueden distinguirse tres estrofas: en la primera (vv.46?50) María glorifica a Dios por haberla hecho Madre del Salvador, hace ver el motivo por el cual la llamarán bienaventurada todas las generaciones y muestra cómo en el misterio de la Encarnación se manifiestan el poder, la santidad y la misericordia de Dios. En la segunda (vv.51?53) la Virgen nos enseña cómo en todo tiempo el Señor ha tenido predilección por los humildes, resistiendo a los soberbios y jactanciosos. En la tercera (vv.54?55) proclama que Dios, según su promesa, ha tenido siempre especial cuidado del pueblo escogido al que le va a dar el mayor título de gloria: la Encarnación de Jesucristo, judío según la carne (cfr. Rom. 1,3).</p>
<p>&#8220;Nuestra oración puede acompañar e imitar esa oración de María. Como Ella, sentiremos el deseo de cantar, de proclamar las maravillas de Dios, para que la humanidad entera y los seres todos participen de la felicidad nuestra&#8221; Josemaría Escrivá de Balaguer, Es Cristo que pasa, n.144).</p>
<p>46?47. &#8220;Los primeros frutos del Espíritu Santo son la paz y la alegría. Y la Santísima Virgen había reunido en sí toda la gracia del Espíritu Santo…&#8221; (S. Basilio, <em>In Psalmos homiliae</em>, S.32). Los sentimientos del alma de María se desbordan en el Magnificat. El alma humilde ante los favores de Dios se siente movida al gozo y al agradecimiento. En la Santísima Virgen el beneficio divino sobrepasa toda gracia concedida a criatura alguna. &#8220;Virgen Madre de Dios, el que no cabe en los Cielos, hecho hombre, se encerró en tu seno&#8221; (Antífona de la Misa del Común de fiestas de Santa María). La Virgen humilde de Nazaret va a ser la Madre de Dios; jamás la omnipotencia del Creador se ha manifestado de un modo tan pleno. Y el Corazón de Nuestra Señora manifiesta incontenible su gratitud y su alegría.</p>
<p>48?49. Ante esta manifestación de humildad de Nuestra Señora, exclama San Beda: &#8220;Convenía pues, que así como había entrado la muerte en el mundo por la soberbia de nuestros primeros padres, se manifestase la entrada de la Vida por la humildad de María&#8221; (<em>In Lucae Evangelium expositio, in loc</em>.).</p>
<p>Dios premia la humildad de la Virgen con el reconocimiento por parte de todos los hombres de su grandeza: &#8220;me llamarán bienaventurada todas las generaciones&#8221;. Esto se cumple cada vez que alguien pronuncia las palabras del Ave María. Este clamor de Alabanza a Nuestra Madre es ininterrumpido en toda la tierra.</p>
<p>50. “Como si dijera ?comenta San Beda?: no sólo ha obrado conmigo grandezas el Todopoderoso, sino con todos aquellos que temen a Dios y obran la justicia&#8221; (<em>In Lucae Evangelium expositio, in loc</em>.)</p>
<p>51. &#8220;Soberbios de corazón&#8221;: Son los que quieren aparecer como superiores a los demás, a quienes desprecian. Y también alude a la condición de aquellos que en su arrogancia proyectan planes de ordenación de la sociedad y del mundo a espaldas y en contra de la Ley de Dios. Aunque pueda parecer que de momento tienen éxito, al final se cumplen estas palabras del cántico de la Virgen, pues Dios los dispersará como ya hizo con los que intentaron edificar la torre de Babel, que pretendían llegase hasta el Cielo (cfr. Gén. 11,4).</p>
<p>53. Esta providencia divina se ha manifestado multitud de veces a lo largo de la Historia. Así, Dios alimentó con el maná al pueblo de Israel en su peregrinación por el desierto durante cuarenta años (Ex. 16,4?35); igualmente a Elías por medio de un ángel (1 Reg. 19,5?8); a Daniel en el foso de los leones (Dan. 14,31?40); a la viuda de Sarepta con el aceite que milagrosamente no se agotaba (1 Reg. 17,8 ss.). Así también colmó las ansias de santidad de la Virgen con la Encarnación del Verbo.</p>
<p>Dios había alimentado con su Ley y la predicación de sus profetas al pueblo elegido, pero el resto de la humanidad sentía la necesidad de la palabra de Dios. Ahora, con la En carnación del Verbo, Dios satisface la indigencia de la humanidad entera. Serán los humildes quienes acogerán este ofrecimiento de Dios; los autosuficientes, al no desear los bienes divinos, quedarán privados de ellos (cfr. <em>S. Basilio</em>, <em>In Psalmos homiliae</em>, S. 33).</p>
<p>54. Dios condujo al pueblo israelita como a un niño, como a su hijo a quien amaba tiernamente: &#8220;Yahwéh, tu Dios, te ha llevado por todo el camino que habéis recorrido, como lleva un hombre a su hijo…&#8221; (Dt. 1,31). Esto lo hizo Dios muchas veces, valiéndose de Moisés, de Josué, de Samuel, de David, etc., y ahora conduce a su pueblo de manera definitiva enviando al Mesías. El origen último de este proceder divino es la gran misericordia de Dios que se compadeció de la miseria de Israel y de todo el género humano.</p>
<p>55. La misericordia de Dios fue prometida de antiguo a los Patriarcas. Así, a Adán (Gén. 3,15), a Abrahán (Gén. 22,18), a David (2 Sam. 7,12), etc. La Encarnación de Cristo había sido preparada y decretada por Dios desde la eternidad para la salvación de la humanidad entera. Tal es el amor que Dios tiene a los hombres; el mismo Hijo de Dios Encarnado lo declarará: &#8220;Tanto amó Dios al mundo, que le entregó a su Hijo Unigénito, para que todo el que crea en El no perezca, sino que tenga la vida eterna&#8221; (Jn. 3,16).</p>
<p><strong>La profecía de Simeón</strong></p>
<p>Lucas 2, 34?35.</p>
<p>34 Simeón los bendijo, y dijo a María, su madre: Mira, éste ha sido puesto para ruina y para resurrección de muchos en Israel, y para signo de contradicción 35 ?y a tu misma alma la traspasará una espada?, a fin de que se descubran los pensamientos de muchos corazones.</p>
<p>*Comentarios</p>
<p>Simeón, calificado de hombre justo y temeroso de Dios, atento a la voluntad divina, se dirige al Señor en su oración como un vasallo o servidor leal que después de haber estado vigilante durante toda su vida, en espera de la venida del Señor, ve ahora por fin llegado ese momento, que ha dado sentido a su existencia. Al tener al Niño en sus brazos, conoce, no por razón humana sino por gracia especial de Dios, que ese Niño es el Mesías prometido, la Consolación de Israel, la Luz de los pueblos.</p>
<p>Podemos entender el gozo singular de Simeón al considerar que muchos patriarcas, profetas y reyes de Israel anhelaron ver al Mesías y no lo vieron, y él, en cambio, lo tiene en sus brazos (cfr. Lc. 10,24; 1 Pe. 1,10).</p>
<p>34?35. Después de bendecirlos, Simeón, movido por el Espíritu Santo, profetiza de nuevo sobre el futuro del Niño y de su Madre. Las palabras de Simeón se han hecho más claras para nosotros al cumplirse en la Vida y Muerte del Señor.</p>
<p>Jesús, que ha venido para la salvación de todos los hombres, será sin embargo signo de contradicción, porque algunos se obstinarán en rechazarlo, y para éstos Jesús será su ruina. Para otros, en cambio, al aceptarlo con fe, Jesús será su salvación, librándolos del pecado en esta vida y resucitándolos para la vida eterna.</p>
<p>Las palabras dirigidas a la Virgen anuncian que María habría de estar íntimamente unida a la obra redentora de su Hijo. La espada de que habla Simeón expresa la participación de María en los sufrimientos del Hijo; es un dolor inenarrable, que traspasa el alma. El Señor sufrió en la Cruz por nuestros pecados; también son los pecados de cada uno de nosotros los que han forjado la espada de dolor de nuestra Madre. En consecuencia tenemos un deber de desagravio no sólo con Dios, sino también con su Madre y Madre nuestra.</p>
<p>Las últimas palabras de la profecía “a fin de que se des cubran los pensamientos de muchos corazones&#8221;, enlazan con el versículo 34: en la aceptación o repulsa de Cristo se manifiesta la rectitud o perversión de la intimidad de los corazones.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Las Bodas de Caná</p>
<p><strong></strong>Juan 2,1?11.</p>
<p>1 Al tercer día se celebraron tinas bodas en Caná de Galilea, y estaba allí la Madre de Jesús. 2 También fueron invitados a la boda Jesús y sus Discípulos .3 Y como faltase el vino, la Madre de Jesús le dijo: No tienen vino 4 Jesús le respondió: Mujer, ¿que nos va a ti y a mí? Todavía no ha llegado mi hora. 5 Dijo su Madre a los sirvientes: Haced lo que él os diga. Había allí seis tinajas de piedra preparadas para las purificaciones de los Judíos, cada tina con capacidad de dos o tres metretas. Jesús les dijo: Llenad de agua las tinajas. Y las llenaron hasta arriba. 8 Entonces les dijo: Sacad ahora y llevad al maestresala. Así lo hicieron. 9 Citando el maestresala probó el agua convertida en vino, sin saber de dónde provenía, aunque los sirvientes que sacaron el agua lo sabían, llamó al esposo 10 y le dijo: Todos sirven primero el mejor vino, y cuando ya han bebido bien, el peor, tú, al contrario, has guardado el vino bueno hasta ahora. 11 Así, en Caná de Galilea hizo Jesús el primero de sus milagros con el que manifestó su gloria, y sus discípulos creyeron en él.&#8221;</p>
<p>*Comentarios</p>
<p>Las fiestas de boda tenían larga duración en Oriente (Gén. 29,27; Jue. 14,19.12.17; Tob. 9,12; 10,1). Durante ellas parientes y amigos iban acudiendo a felicitar a los esposos; en los ban­quetes podían participar hasta los transeúntes. El vino era considerado elemento indispensable en las comidas y servia además para crear un ambiente festivo. Las mujeres intervenían en las tareas de la casa; la Santísima Virgen prestaría también su ayuda: por eso pudo darse cuenta de que iba a faltar vino.</p>
<p>1. Caná de Galilea parece que debe identificarse con la actual Kef Kenna, situada a 7 kilómetros al Noroeste de Nazareth.</p>
<p>Entre los invitados no se cita a San José, cosa que no se puede atribuir a un olvido de San Juan: este silencio –y otros muchos del evangelio? hace suponer que el Santo Patriarca había muerto ya.</p>
<p>2. ?Para demostrar la bondad de todos los estados de vida ( … ) Jesús se dignó nacer de las entrañas purísimas de la Virgen María; recién nacido recibió la alabanza que salió de los labios proféticos de la viuda Ana e, invitado en su juventud por los novios, honró las bodas con la presencia de su poder&#8221; (San Beda, Hom.13, para el 22 Domingo después de la Epif.). Esta presencia de Cristo en las bodas de Caná es señal de que Jesús bendice el amor entre hombre y mujer, sellado con el matrimonio. Dios, en efecto, instituyó el matrimonio al principio de la creación (cfr. Gén. 1,27?28), y Jesucristo lo con firmó y lo elevó a la dignidad de Sacramento (cfr. Mt. 19,6).</p>
<p>3. En el cuarto Evangelio la Madre de Jesús ?éste es el título que le da San Juan? aparece solamente dos veces. Una en este episodio, la otra en el Calvario (Jn. 19,25). Con ello se viene a insinuar el cometido de María Virgen en la Redención. Entre los dos acontecimientos, Caná y el Calvario, hay varias analogías. Se sitúan uno al comienzo y el otro al final de la vida pública, como para indicar que toda la obra de Jesús está acompañada por la presencia de María Santísima. Su título de Madre adquiere resonancias especialísimas: María actúa como verdadera Madre de Jesús en esos dos momentos en los que el Señor manifiesta su divinidad. Al mismo tiempo, ambos episodios señalan la especial solicitud de Santa María hacia los hombres: en un caso intercede cuando todavía no ha llegado &#8220;&#8221;la hora&#8221;; en el otro ofrece al Padre la muerte redentora de su Hijo, y acepta la misión que Jesús le confiere de ser Madre de todos los creyentes, representados en el Calvario por el discípulo amado.</p>
<p>En la vida pública de Jesús aparece significativamente su Madre ya desde el principio, cuando, en las bodas de Caná de Galilea, movida por la misericordia, suscitó con su intercesión el comienzo de los milagros de Jesús Mesías (cfr. Jn. 2,1?11). A lo largo de su predicación acogió las palabras con que su Hijo, exaltando el Reino por encima de las condiciones y la zos de la carne y de la sangre, proclamó bienaventurados (cfr. Mc. 3,25; Lc. 11,27?28) a los que escuchan y guardan la palabra de Dios, como ella lo hacía fielmente (cfr. Lc. 2,19.51).</p>
<p>4. &#8220;&#8221;Mujer&#8221; es un título respetuoso, que venía a ser equivalente a &#8220;señora&#8221;, una manera de hablar en tono solemne. Este nombre volvió a emplearlo Jesús en la Cruz, con gran afecto y veneración (Jn. 19,26).</p>
<p>La frase &#8220;¿qué nos va a ti y a mí?&#8221; corresponde a una manera proverbial de hablar en Oriente, que puede ser empleada con diversos matices. La respuesta de Jesús parece indicar que si bien, en principio, no pertenecía al plan divino que Jesús interviniera con poder para resolver las dificultades surgidas en aquellas bodas, la petición de Santa María le mueve a atender esa necesidad. También se puede pensar que en ese plan divino estaba previsto que Jesús hiciera el milagro por intercesión de su madre. En todo caso, ha sido Voluntad de Dios que la Revelación del Nuevo Testamento nos dejara esta enseñanza capital: la Virgen Santísima en tan poderosa en su intercesión que Dios atenderá todas las peticiones por mediación de María. Por eso la piedad cristiana, con precisión teológica, ha llamado a Nuestra Señora omnipotencia suplicante.</p>
<p>&#8220;Todavía no ha llegado mi hora&#8221;: El término “hora&#8221; lo utiliza Jesucristo alguna vez para designar el momento de su venida gloriosa (cfr. Jn. 5,28), aunque generalmente se refiere al tiempo de su Pasión, Muerte y Glorificación (cfr. Jn. 7,30; 12,23; 13,1; 17,1).</p>
<p>5. La Virgen María, como buena madre, conoce perfecta mente el valor de la respuesta de su Hijo, que para nosotros podría resultar ambigua (“qué nos va a ti y a mi&#8221;), y no duda que Jesús hará algo para resolver el apuro de aquella familia. Por eso indica de modo tan directo a los sirvientes que hagan lo que Jesús les diga. Podemos considerar las palabras de la Virgen como una invitación permanente para cada uno de nosotros; &#8220;en eso consiste toda la santidad cristiana: pues la perfecta santidad es obedecer a Cristo en todas las cosas&#8221; (Santo Tomás de Aquino, Comentario sobre San Juan).</p>
<p>Con esta misma actitud rezaba el papa Juan Pablo II en el santuario mariano de Knock, al consagrar a la Virgen al pueblo irlandés: &#8220;En este momento solemne escuchamos con atención particular tus palabras: `Haced lo que os diga mi Hijo&#8221;. Y deseamos responder a tus palabras con todo el corazón. Que remos hacer lo que nos dice tu Hijo y lo que nos manda; pues tiene palabras de vida eterna. Queremos cumplir y poner por obra todo lo que viene de Él, todo lo que está contenido en la Buena Nueva, como lo hicieron nuestros antepasados durante siglos ( … ) Por ello hoy ( … ) confiamos y consagramos a Ti, Madre de Cristo y Madre de la Iglesia, nuestro corazón, con ciencia y obras, a fin de que estén en consonancia con la fe que profesamos. Confiamos y consagramos a Ti a todos y cada uno de los que constituyen el pueblo irlandés y la comunidad del Pueblo de Dios que habita en estas flerras&#8221; (Homilía en el Santuario mariano de Knock, 30?IX?79).</p>
<p>6. La metreta correspondía a unos 40 litros. La capacidad de cada uno de estos cántaros era, por tanto, de 80 a 120 litros; en total 480?720 litros de vino de la mejor calidad. San Juan subraya la abundancia del don concedido por el milagro, como hará también cuando la multiplicación de los panes (Jn. 6,12? 13). Una de las señales de la llegada del Mesías era la abundancia, por eso en ella ve el Evangelista el cumplimiento de las antiguas profecías: &#8220;el mismo Yahwéh dará la felicidad y la tierra dará sus frutos&#8221;, anunciaba el Salmo 84, 13; &#8220;las eras se llenarán de buen trigo, los lagares rebosarán de mosto y de aceite puro&#8221; (Jn. 2,24; cfr Am. 9,13?15). Esa abundancia de bienes materiales es un símbolo de los dones sobrenaturales que Cristo nos alcanza con la Redención: más adelante, San Juan destacará aquellas palabras del Señor: &#8220;Yo vine para que tengan vida y la tengan en abundancia&#8221; (Jn. 10,10; cfr. Rom. 5,20).</p>
<p>7. &#8220;Hasta arriba&#8221;: El Evangelista vuelve a subrayar con este detalle la sobreabundancia de los bienes de la Redención y, al mismo tiempo, indica con cuánta exactitud obedecieron los sirvientes, como insinuando la importancia de la docilidad en el cumplimiento de la Voluntad de Dios, aun en los pequeños detalles.</p>
<p>9?10. Jesús hace los milagros sin tacañería, con magnanimidad; por ejemplo, en la multiplicación de los panes y los peces (cfr. Jn. 6,10?13), donde sacia a unos cinco mil hombres y todavía sobran doce canastos. En este milagro de Caná no convirtió el agua en cualquier vino, sino en uno de excelente calidad.</p>
<p>Los Santos Padres han visto en el vino de calidad, reservado para el final de las bodas, y en su abundancia una figura del coronamiento de la Historia de la Salvación: Dios había envia do a los patriarcas y profetas, pero, al llegar la plenitud de los tiempos, envió a su propio Hijo, cuya doctrina lleva a la perfección la Revelación antigua, y cuya gracia excede las esperanzas de los justos del Antiguo Testamento. También han visto en este vino bueno del final el premio y el gozo de la vida eterna, que Dios concede a quienes, queriendo seguir a Cristo, han sufrido las amarguras y contrariedades de esta vida (cfr. San Agustín, Comentario sobre San Juan, in loc.).</p>
<p>11. Antes del milagro los discípulos ya creían que Jesús era el Mesías; pero todavía tenían un concepto excesivamente terreno de su misión salvífica. San Juan atestigua aquí que este milagro fue el comienzo de una nueva dimensión de su fe, que hacía más profunda la que ya tenían. El milagro de Caná constituye un paso decisivo en la formación de la fe de los discípulos.</p>
<p>&#8220;María aparece como Virgen orante en Caná, donde, manifestando al Hijo con delicada súplica una necesidad temporal, obtiene también un efecto de gracia: que Jesús, realizando el primero de sus &#8220;signos&#8221;, confirme a los discípulos en la fe en EV (<em>Pablo VI, Exh. Ap. Marialis cultus</em>).</p>
<p>¿Por qué tendrán tanta eficacia los ruegos de María ante Dios? Las oraciones de los santos son oraciones de siervos, en tanto que las de María son oraciones de Madre, de donde procede su eficacia y carácter de autoridad; y como Jesús ama inmensamente a su Madre, no puede rogar sin ser atendida.</p>
<p>Para conocer bien la gran bondad de María recordemos lo que refiere el Evangelio ( …) Faltaba el vino, con el consiguiente apuro de los esposos. Nadie pide a la Santísima Virgen que interceda ante su Hijo a favor de los consternados esposos. Con todo, el corazón de María, que no puede menos de compadecer a los desgraciados la impulsó a encargarse por sí misma del oficio de intercesora y pedir al Hijo el milagro, a pesar de que nadie se lo pidiera ( … ). Si la Señora obró así sin que se lo pidieran, ¿qué hubiera sido si le rogaran?&#8221; (San Alfonso María de Ligorio, Sermones Abreviados, Sermón 49: De la confianza en la Madre de Dios).</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>María al pie de la Cruz</strong></p>
<p>Juan 19, 25?27.</p>
<p>25 Estaban junto a la cruz de Jesús su madre y la hermana de su madre, María de Cleofás, y María Magdalena. , Jesús, viendo a su madre y al discípulo a quien amaba que estaba allí, dijo a su madre: Mujer, he ahí a tu hijo. 27Después dice al discípulo: He ahí a tu madre. Y desde aquel momento el discípulo la recibió en su casa.</p>
<p>*Comentarios</p>
<p>La Iglesia desde siempre ha reconocido la dignidad de la mujer y su importante cometido en la Historia de la Salvación. Basta recordar el culto que, desde los orígenes, el pueblo cristiano ha tributado a la Madre de Cristo, la Mujer por Antono Masia, y la, criatura más excelsa y más privilegiada que jamás ha salido de las manos de Dios. El último Concilio, dirigiendo un mensaje especial a las mujeres, dice entre otras cosas: &#8220;Mujeres que sufrís, que os mantenéis firmes bajo la cruz a imagen de María; vosotras, que tan a menudo, en el curso de la historia, habéis dado a los hombres la fuerza para luchar hasta el fin, para dar testimonio hasta el martirio, ayudadlos una vez más a conservar la audacia de las grandes empresas, al mismo tiempo que la paciencia y el sentido de los comienzos humildes&#8221; (Conc. Vaticano II, Mensaje del Concilio a la Humanidad A las mujeres, n.9).</p>
<p>25. Mientras que los Apóstoles, a excepción de San Juan, abandonan a Jesús en esta hora de oprobio, aquellas piadosas mujeres, que le habían seguido durante su vida pública (cfr, Lc, 8,2?3), permanecen ahora junto al Maestro que muere en la Cruz.</p>
<p>26?27. El gesto del Señor, por el que encomienda a su Santísima Madre al cuidado del discípulo, tiene un doble sentido. Por una parte, manifiesta el amor filial de Jesús a la Virgen María. San Agustín considera cómo Jesús nos enseña a cumplir el cuarto mandamiento: »`Es una lección de moral. Hace lo que recomienda hacer, y, como buen Maestro, alecciona a los suyos con su ejemplo, a fin de que los buenos hijos tengan cuidado de sus padres; como si aquel madero que sujetaba sus miembros moribundos fuera también la cátedra del Maestro que enseñaba&#8221; (In Ioann. Evang.,119,2).</p>
<p>Por otra parte, las palabras del Señor declaran que Santa María es nuestra Madre: “La Santísima Virgen avanzó también en la peregrinación de la fe, y mantuvo fielmente s unión con el Hijo hasta la Cruz, junto a la cual, no sin designio divino, se mantuvo erguida (In. 19,15), sufriendo profundamente con su Unigénito y asociándose con entrañas d madre a su sacrificio, consintiendo amorosamente en la inmolación de la Víctima que Ella misma había engendrado; y finalmente, fue dada por el mismo Cristo Jesús, agonizante en la Cruz, como madre al discípulo&#8221; (Conc. Vat. II, Const. dogm. <em>Lumen gentium</em>, n.58).</p>
<p>Todos los cristianos, representados en San Juan, somos hijos de María. Dándonos Cristo a su Madre por Madre nuestra manifiesta el amor a los suyos hasta el fin (cfr. Jn. 13,1). Al aceptar la Virgen al apóstol Juan como hijo suyo muestra su amor de Madre: ?&#8221;A tí, María, el Hijo de Dios y a la vez Hijo tuyo, desde lo alto de la Cruz indicó a un hombre y dijo: &#8220;He ahí a tu hijo. Y en aquel hombre te ha confiado a cada hombre, te ha confiado a todos. Y Tú, que en el momento de la Anunciación, en estas sencillas palabras: &#8220;He aquí la sierva del Señor, hágase en mí según tu palabra&#8221; (Lc. 1,38), has con centrado todo el programa de tu vida, abrazas a todos, te acercas a todos, buscas maternalmente a todos. De esta manera se cumple lo que el último Concilio ha declarado acerca de tu presencia en el misterio de Cristo y de la Iglesia. Perseveras de manera admirable en el misterio de Cristo, tu Hijo unigénito, porque estás siempre dondequiera están los hombres sus hermanos, dondequiera está la Iglesia&#8221; Juan Pablo II, Homilía Basílica de Guadalupe. 27?1?1979 ).</p>
<p>&#8220;Juan, el discípulo amado de Jesús, recibe a María, la introduce en su casa, en su vida. Los autores espirituales han visto en esas palabras, que relata el Santo Evangelio, una invitación dirigida a todos los cristianos para que pongamos también a María en nuestras vidas. En cierto sentido, resulta casi superflua esa aclaración. María quiere ciertamente que la invoquemos, que nos acerquemos a Ella con confianza, que apelemos a su maternidad, pidiéndole que se manifieste como nuestra Madre&#8221; Josemaría Escrivá de Balaguer, Es Cristo que pasa, n.140). Este modo filial de tratar a María es el que sigue constante mente Juan Pablo 11. Así, en su despedida de la Virgen de Czestochowa, oraba con estas palabras: &#8220;¡Madre de la Iglesia de Jasna Góra! Una vez más me consagro a Ti en tu materna esclavitud de amor: Totus tuus! ¡Soy todo tuyo! Te consagro la Iglesia entera, en todas partes, hasta los confines de la tierra.</p>
<p>Te consagro la humanidad; te consagro los hombres, mis hermanos. Todos los pueblos y naciones. Te consagro Europa y todos los continentes. Te consagro Roma y Polonia unidas, a través de su siervo, por un nuevo vínculo de amor. Madre, ¡acepta! Madre, ¡no nos abandones! Madre, ¡guíanos Tú!&#8221; (Alocución de despedida en el Santuario de Jasna Góra, 6?VI?79).</p>
<p><strong>La Virgen del Apocalipsis</strong></p>
<p>Apocalipsis 12,1?17.</p>
<p>1 Una gran señal apareció en el cielo: Una mujer vestida de sol, la luna bajo sus pies, y sobre su cabeza una corona de doce estrellas. 2 Está encinta grita al sufrir los dolores del parto y los tormentos de dar a luz. Apareció entonces otra señal en el cielo: Un gran dragón rojo, con siete cabezas y diez cuernos, y sobre sus cabezas siete diademas. 4 La cola arrastró una tercera parte de las estrellas del cielo y las arrojó a la tierra. El dragón se puso delante de la mujer, que iba a dar a luz, para devorar a su hijo en cuanto naciera. 5 Y dio a luz un hijo varón, el que ha de regir a todas las naciones con cetro de hierro. Pero su hijo fue arrebatado hasta Dios y hasta su trono. Entonces la mujer huyó al desierto, donde tiene un lugar preparado por Dios, para que allí la alimenten durante mil doscientos sesenta días. Y se entabló un gran combate en el cielo: Miguel y sus ángeles lucharon contra el dragón. También lucharon el dragón y sus ángeles, 8 pero no prevalecieron, ni hubo ya para ellos un lugar en el cielo. 9 Fue arrojado aquel gran dragón, la serpiente antigua, llamado Diablo y Satanás, que seduce a todo el universo. Fue arrojado a la tierra y también fueron arrojados sus ángeles con él. &#8220;10 Entonces oí en el cielo una fuerte voz que decía: Ahora ha llegado la salvación, la fuerza, el reino de nuestro Dios, y el poder de su Cristo, pues ha sido arrojado el acusador de nuestros hermanos, el que los acusaba ante nuestro Dios día y noche. 11 Ellos lo vencieron por la sangre del Cordero y por la palabra del testimonio que dieron, pues no amaron su propia vida más que la muerte. lí Por eso, alegraos, cielos, y cuantos en ellos habitáis. ¡Ay de la tierra y del mar! pues ha descendido hasta vosotros el Diablo, con gran ira, al saber que le queda poco tiempo. 13 Cuando el dragón vio que había sido arrojado a la tierra, persiguió a la mujer que había dado a luz al varón. 14 Pero le fueron dadas a la mujer las dos alas del águila grande para que volara al desierto, a su lugar, donde es alimentada durante un tiempo, dos tiempos y medio tiempo, lejos de la serpiente. &#8221; 5 Entonces la serpiente arrojó de su boca como un río de agua tras la mujer, para arrastrarla con la corriente. 16 Pero la tierra ayudó a la mujer: abrió la tierra su boca y absorbió el río que había echado el dragón de su boca. 17 El dragón se enfureció contra la mujer y se marchó a hacer la guerra al resto de su descendencia, aquellos que guardan los mandamientos de Dios y mantienen el testimonio de Jesús.</p>
<p>*Comentarios</p>
<p>Comienza la presentación de los contendientes en los combates escatológicos, en los que culminan la acción de Dios y la del adversario, el demonio. El autor describe los personajes y el combate mismo mediante tres signos, que suscitan el interés del lector. El primer signo es la Mujer y su descendencia, incluido el Mesías (12,1?2); el segundo, la serpiente que luego transmite su poder a las bestias (12,3); el tercero, los siete ángeles con las siete copas (15,1).</p>
<p>Se describen sucesivamente tres combates en los que participa la serpiente: lo) contra el Mesías que nace de la Mujer (12,1?6); 2o) contra San Miguel y sus ángeles (12,742); 3o) contra la Mujer y el resto de sus hijos (12,13?17). No podemos entender estos combates como en una sucesión cronológica. Son más bien diversos cuadros puestos uno junto a otro, porque tienen una profunda relación entre sí: siempre el mismo enemigo, el diablo, lucha contra los proyectos de Dios y contra aquellos de los que Dios se sirve para realizarlos.</p>
<p>1?2. La misteriosa figura de la Mujer ha sido interpretada desde el tiempo de los Santos Padres como referido al antiguo pueblo de Israel, a la Iglesia de Jesucristo, o a la Santísima Virgen. Cualquiera de estas interpretaciones tiene apoyo en el texto, pero ninguna de ellas es coincidente en todos los detalles.</p>
<p>a) La Mujer representa el pueblo de Israel, puesto que de él procede el Mesías, e Isaías los comparaba a &#8220;1a mujer encinta, cuando llega el parto y se retuerce y grita en sus dolores&#8221; (Is. 26,17).</p>
<p>b) También puede representar a la Iglesia, cuyos hijos se debaten en lucha contra el mal por dar testimonio de Jesús (cfr. v. 17).</p>
<p>c) Y puede referirse también a la Virgen María, en cuanto que ella dio real e históricamente a luz al Mesías, nuestro Señor Jesucristo (cfr.v. 5).</p>
<p>En efecto, a) San Lucas, al narrar la Anunciación, ve a María como la representación del resto fiel de Israel: a ella le dirige el ángel el saludo dado en Soph. 3,15 a la hija de Sión (cfr. notas de Lc. 1,26?31); b) y San Pablo en Gál. 4,4 ve en una mujer, María la alegoría de la Iglesia que es nuestra madre; c) así, también el texto sagrado del Apocalipsis deja abierto el camino para ver en esa mujer directamente a la Santísima Virgen, cuya maternidad conllevaría el dolor del Calvario (cfr. Lc. 2,35), y había sido ya profetizada como una &#8220;señal&#8221; en Isaías 7,14 (cfr. Mt. 1,22?23).</p>
<p>Los rasgos con los que aparece la Mujer representan la gloria celeste con que ha sido revestida, así como su triunfo al ser coronada con doce estrellas, símbolo del pueblo de Dios ?de los doce patriarcas (cfr. Gén. 37,9) y de los doce apóstoles? De ahí que, prescindiendo de aspectos cronológicos só lo aparentes en el texto, la Iglesia haya visto en esta mujer gloriosa a la Santísima Virgen, &#8220;asunta en cuerpo y alma a la gloria celestial, ensalzada por el Señor como reina universal con el fin de que se asemejase de forma más plena a su Hijo, Señor de señores (cfr. Apoc. 19,16) y vencedor del pecado y de la muerte&#8221; (Conc. Vat. II, Const. dogm. <em>Lumen gentium</em>, n.59). La Santísima Virgen es ciertamente la gran señal, pues, como escribe San Buenaventura, &#8220;Dios no hubiese podido hacerla mayor. Dios hubiese podido hacer un mundo más grande y un cielo mayor; pero no una madre mayor que la misma Madre&#8221; (Speculum, cap.8).</p>
<p>3?4. San Juan describe al diablo (cfr. v.9) basándose en rasgos simbólicos, tomados del Antiguo Testamento. La serpiente o dragón proviene de Génesis 3,1?24, pasaje latente desde Apocalipsis 12,3 hasta el final del libro. El color rojo y las siete cabezas con las siete diademas indican que despliega todo su poder para hacer la guerra. Los diez cuernos, en Daniel 7,7, representan a los reyes enemigos del pueblo de Israel; en Daniel se habla además de un cuerno para indicar a Antíoco IV Epifanes, del que también se dice, para resaltar sus victorias, que precipita las estrellas del cielo sobre la tierra (cfr. Dan. 8,10). Satanás ha arrastrado con él a otros ángeles, como se narrará más adelante (Apoc. 12,9). En resumen, con estos símbolos se quiere poner de relieve sobre todo el enorme poder de Satanás.</p>
<p>&#8220;Al diablo se le llama serpiente, escribe S. Cipriano, porque arrastrándose sigilosamente y engañando con una imagen de paz, se acerca por senderos sueltos, y es tal su astucia y tan cegadora su falacia ( … ), que quiere hacer pasar la noche por día, el veneno en vez de la medicina. De tal manera que mintiendo con cosas parecidas, echa a perder la verdad con sutileza. Por eso se transfigura en ángel de luz&#8221; (<em>De Unitate Ecclesiae</em>, I-III).</p>
<p>Tras la caída de nuestros primeros padres se entabla la guerra entre la serpiente y su linaje contra la mujer y el suyo: &#8220;Pondré enemistad ?dijo Dios a la serpiente? entre ti y la mujer, entre tu descendencia y su Descendencia. El te aplasta ra la cabeza., mientras tú le acecharás en el calcañar&#8221; (Gén. 3,15). Jesucristo es el descendiente de la mujer que llevará a cabo la victoria sobre el demonio (cfr. Mc. 1,23?26; Lc. 4,31?37, etc.). De ahí que el poder de] mal centre todas sus fuerzas en destruir a Cristo (cfr. Mt. 2,13?18), o en torcer su misión (cfr. Mt. 4,1-11 y par). La forma en que describe San Juan esa enemistad aludiendo a los orígenes es sumamente expresiva.</p>
<p>5. Con el nacimiento de Jesucristo se cumple el proyecto de Dios anunciado por los profetas (cfr. Is. 66,7) y por los Salmos (cfr. Sal. 2,9), y se inicia la victoria definitiva sobre el demonio. Esta victoria se decide de modo eminente en la vida terrena de Jesús, que culmina con su Pasión, Resurrección y Ascensión al Cielo. San Juan resalta sobre todo el triunfo de Cristo que, como confiesa la Iglesia, Cristo victorioso &#8220;está sentado a la derecha del Padre&#8221; (Símbolo Niceno-Constantinopolitano).</p>
<p>6. La figura de la Mujer evoca la imagen de la Iglesia, pueblo de Dios. Israel se refugió en el desierto al escapar del Faraón, así también la Iglesia tras la victoria de Cristo. El desierto representa el ámbito de soledad e íntima unión con Dios. Allí Dios cuidaba personalmente de su pueblo, librándole de los enemigos (cfr. Ex. 17,8?16) y alimentándole con las codornices y el maná (cfr. Ex. 16,1?36). Una protección similar tiene ahora la Iglesia, contra la que no podrán los poderes del infierno (cfr. Mt. 16,18), y a la que Cristo alimenta con su Cuerpo y su Palabra, durante el tiempo de su peregrinaje en la historia, que es un tiempo de lucha y aspereza, como el de ,Israel por el desierto, pero limitado: mil doscientos sesenta días.</p>
<p>Aunque la figura de la Mujer, en este versículo, parece hacer referencia directamente a la Iglesia, sigue estando presentes de alguna forma la imagen individual de la Mujer que ,ha dado a luz al Mesías, la Santísima Virgen. Ella ha experimentado, como ninguna otra criatura, la especialísima unión con Dios y su protección de los poderes del mal, incluso de la muerte.</p>
<p>7?9. La lucha entre la serpiente y sus ángeles contra Miguel y los suyos, y la derrota de aquélla, aparecen íntima mente relacionadas con la muerte y glorificación de Cristo 1 (cfr vv. 5,11).</p>
<p>Al mismo tiempo, la mención de Miguel y de la serpiente antigua, así como los efectos de la lucha ?el ser arrojados del cielo?, hacen pensar en el origen del demonio. Este, que era una criatura angélica muy excelsa, según algunas tradiciones judías (cfr. Vida latina de Adán y Eva, 12?16) se convirtió en diablo cuando Dios creó al hombre a su imagen y semejanza (cfr. Gén. 1,26; 2,7). El demonio no aceptó la dignidad concedida al hombre. Miguel, en cambio, obedeció, pero el diablo y otros ángeles, al considerar al hombre inferior a ellos, se rebelaron contra Dios. Entonces el diablo y sus seguidores angélicos fueron arrojados al infierno y a la tierra, por lo que no cesan de tentar al hombre para que, pecando, se vea también? privado de la gloria de Dios.</p>
<p>A la luz de esta tradición, en el Apocalipsis se pone de relieve que, en efecto, Cristo, nuevo Adán, verdadero Dios y ,&#8221;Verdadero hombre, al ser glorificado merece y recibe la adoración debida, por lo que el diablo es definitivamente derrotado. El proyecto divino abarca la creación y la redención. Cristo, Imagen del Dios invisible, el primogénito de toda criatura, porque en él fueron creadas todas las cosas&#8221; (Col. 1,15?16), es el causante de la derrota de] diablo en una batalla que abarca toda la historia, pero que ha tenido su momento definitivo en la Encarnación, Muerte y Glorificación del Señor: &#8220;Ahora es el juicio de este mundo ?dice Jesús refiriéndose a los acontecimientos pascuales?, ahora el príncipe de este mundo va a ser arrojado fuera. Y yo, cuando sea levanta do de la tierra, atraeré a todos hacia mí&#8221; (Jn. 12,31?33). Y, ante la noticia traída por los discípulos de que en su nombre son sometidos los demonios, Jesucristo exclama: &#8220;Veía yo a Satanás caer del cielo como un rayo&#8221; (Lc. 10,18).</p>
<p>En Dan. 10,13 y 12,1 se dice que el arcángel San Miguel es el que defiende, de parte de Dios, al pueblo elegido. Su nombre significa &#8220;¿Quién como Dios?&#8221;, y su función es velar por los derechos divinos frente a quienes quieren usurparlos, como los tiranos de los pueblos, o el mismo Satán al intentar hacerse con el cuerpo de Moisés según la carta de San Judas (v.9). De ahí que también en el Apocalipsis aparezca San Miguel como el que se enfrenta con Satanás, la serpiente antigua, aunque la victoria y el correspondiente castigo los decide Dios o Cristo. La Iglesia, por ello, invoca a San Miguel como su guardián en las adversidades y contra las asechanzas del demonio (cfr. Liturgia de las Horas, 29 de septiembre, Himno del Oficio de Lecturas).</p>
<p>10?12. Con la Ascensión de Cristo a los Cielos ha quedado inaugurado el Reino de Dios, y, por ello, las criaturas celestiales prorrumpen en un cántico de alegría. El demonio ha sido privado de su poder sobre el hombre, en cuanto que éste, por la obra redentora de Cristo y la fe, puede salir del mundo del pecado. Esta realidad gozosa se expresa diciendo que ya no hay lugar para el acusador, Satán, que como su nombre significa y el Antiguo Testamento enseña, acusaba al hombre ante Dios (cfr. Job 1,6; 3,12,2): frente al proyecto divino de la creación, podía presentar como victoria suya a cualquier hombre .que hubiese desfigurado en sí la imagen y semejanza de Dios por el pecado. Ahora, tras la Redención, se ha acabado ese poder de Satanás, pues como escribe San Juan: &#8220;Si alguno peca, tenemos un abogado ante el Padre: Jesucristo, el justo. l es la víctima de propiciación por nuestros pecados; y no sólo por los nuestros, sino por los de todo el mundo&#8221; (1 Jn. 2,1?2). Además, al ascender al cielo, Cristo nos envía al Espíritu Santo como 1ntercesor y abogado, especialmente cuando .el hombre, o la humanidad, se encuentra ante el juicio de condena de aquel &#8220;acusac1or&#8221;, del que el Apocalipsis dice que acusa a nuestros hermanos día y noche delante de nuestro Dios&#8221;" (Dominum et Vivificantem, n.67).</p>
<p>Aunque Satanás ha perdido ese poder de actuar en el mundo, todavía le queda un tiempo, desde la Resurrección del Señor hasta el final de la historia, en el que puede obstaculizar entre los hombres la obra de Cristo. Por ello actúa cada vez con más furor, al ver que se le acaba el tiempo, intentando que cada hombre y la sociedad se alejen de los planes y mandatos de Dios.</p>
<p>Con esta especie de canto entonado desde el Cielo, el autor del Apocalipsis advierte a la Iglesia de las dificultades que se le avecinan a medida que se acerca el final de los tiempos.</p>
<p>13?17. El ataque de la serpiente se contempla ahora desde la situación de la Iglesia que sufre. La Mujer que da a luz un Hijo varón es imagen de la Madre del Mesías, la Virgen, María, y de la Iglesia que, &#8220;cumpliendo fielmente la voluntad del Padre, también ella es constituida Madre por la palabra de Dios fielmente recibida&#8221; (Conc. Vat. II, Const. dogm. <em>Lumen gentium</em> n.64). Mediante la Iglesia los cristianos se incorporan a Cristo, contribuyendo al crecimiento de su Cuerpo (cfr. Ef. 4,13). En este sentido puede decirse que la Iglesia es la Mujer que engendra a Cristo.</p>
<p><em>N.B. Todos los textos y los comentarios correspondientes al Nuevo Testamento están tomados de la Sagrada Biblia, EUNSA, Pamplona</em></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Fuente encuentra.com</p>
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		<title>El Estudio Teológico sobre la Virgen María</title>
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		<pubDate>Mon, 07 May 2012 12:44:05 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Administrador</dc:creator>
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En la doctrina de la Iglesia católica -en su teología, en su culto y en la vida de los fieles, la Virgen María ocupa un lugar excepcional: Ella es la mujer asociada íntimamente al Verbo encarnado; es la Madre de Jesucristo, Hijo de Dios hecho hombre, Redentor y Salvador del género humano.
En la doctrina de... <a href="http://parroquiadesandiego.co.cr/el-estudio-teolgico-sobre-la-virgen-mara/"> [Continuar Leyendo]</a>]]></description>
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<p>En la doctrina de la Iglesia católica -en su teología, en su culto y en la vida de los fieles, la Virgen María ocupa un lugar excepcional: Ella es la mujer asociada íntimamente al Verbo encarnado; es la Madre de Jesucristo, Hijo de Dios hecho hombre, Redentor y Salvador del género humano.</p>
<p>En la doctrina de la Iglesia católica -en su teología, en su culto y en la vida de los fieles-, la Virgen María ocupa un lugar excepcional: Ella es la mujer asociada íntimamente al Verbo encarnado; es la Madre de Jesucristo, Hijo de Dios hecho hombre, Redentor y Salvador del género humano. Es también la Madre espiritual de los hombres y miembro excelentísimo y enteramente singular de la Iglesia, quien la venera como Madre amantísima con afecto de piedad filial (cfr. Conc. Vat. II, Const. dogm. Lumen gentium, n.53).</p>
<p><strong>LA RAZÓN DE SER DEL ESTUDIO TEOLÓGICO SOBRE MARÍA</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La justificación de un estudio teológico sobre María, no obstante lo dicho en el párrafo anterior, no es tan obvia como parece a primera vista si consideramos que Ella es una criatura humana -aunque privilegiada-, descendiente de Adán. Hay, evidentemente, razones que lo justifican plenamente, pero éstas hay que dilucidarlas a la luz de la ciencia teológica.</p>
<p><strong>La ciencia teológica</strong></p>
<p>Teología significa, etimológicamente, tratado o estudio acerca de Dios. Pero, ¿qué es Teología como ciencia? Es necesario, pues, adentrarnos un poco en el ser mismo de la Teología.</p>
<p>a) Cuando el creyente no se conforma con el simple entendimiento y la sencilla aceptación de las verdades que conoce por la Revelación, sino que desea comprenderlas con mayor profundidad y conocerlas relaciones reciprocas de las verdades sobrenaturales y, de éstas, con las verdades naturales, es entonces cuando nace la Teología.</p>
<p>Por lo tanto, Teología es el estudio científico de la Revelación divina a la luz de la fe. En otras palabras, Teología es la ciencia que trata de Dios y su obra de salvación, y tiene como principios las verdades de la Revelación divina.</p>
<p>El término Teología se comienza a emplear con Clemente de Alejandría y Eusebio de Cesarea; posteriormente, Anselmo de Canterbury lo utiliza diciendo que la Teología es &#8220;la fe que busca entender&#8221; o con expresión sinónima “la inteligencia de la fe&#8221;. Tomás de Aquino, a partir del concepto aristotélico de ciencia, define la Teología como &#8220;ciencia de la fe&#8221;. El Concilio Vaticano II enseña que se trata de un conocimiento, cada vez mayor, de los tesoros insondables de la Palabra de Dios sobre sí mismo y su mensaje de salvación (cfr. Const. dogm. Dei Verbum, nn. 5-6).</p>
<p>b) El quehacer de la Teología tiene como objeto la profundización en el mensaje de la Palabra de Dios a los hombres. Ahora bien, cuando Dios revela, el hombre lo escucha mediante la Fe y, por ella, se entrega entera y libremente a Él: ofreciendo el homenaje pleno de su entendimiento y voluntad, asintiendo libremente a lo que Dios revela movido por su gracia (cfr. Conc. Vat. II, Const. dogm. Dei Verbum, n.5).</p>
<p><strong>La Teología y la Virgen María</strong></p>
<p>Si la Teología trata de Dios y su mensaje de salvación, ¿por qué se ocupa de María? Para responder adecuadamente es útil descartar primero algunas respuestas insuficientes:</p>
<p>a) No basta decir, simplemente, que la Teología se ocupa de María porque de Ella habla la Sagrada Escritura.</p>
<p>Tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento se habla de muchos personajes: Abraham, Moisés, el rey David, San Pedro y San Pablo, etc. y, sin embargo, sólo de Cristo hay una Cristología por la sencilla razón de ser verdadero Dios y verdadero Hombre: sólo Él constituye el centro del estudio teológico. La razón antes mencionada sobre María, sólo justificaría una biografía de Ella o, en su caso, de Abraham, o de San Pedro, etc., pero no una Teología sobre ellos.</p>
<p>b) Tampoco justificaría un estudio teológico sobre María la consideración de los &#8220;privilegios personales&#8221; que Ella ha recibido, si los consideramos sólo desde el punto de vista de ,&#8221;dones personales&#8221;, que son importantísimos para Ella, pero lo serían menos para nosotros. Esa razón -los privilegios- a lo más serviría para hacer una maravillosa hagiografía (es decir, el estudio descriptivo de la vida de los santos, por las gracias recibidas de Dios y su correspondencia a ellos), pero no unaTeología mariana.</p>
<p><strong>¿Cuál es, entonces, la razón válida para que la teología se ocupe de María?</strong></p>
<p>La razón válida proviene de la siguiente consideración. Si la Teología, como hemos dicho, se ocupa de Dios y su obra de salvación, María entra de lleno en la Teología, consecuentemente, como objeto de ella -no podría ser de otra manera- en cuanto que tuvo un papel positivo en la obra de la salvación; y, éste, por voluntad expresa y positiva de Dios.</p>
<p>En otras palabras: el fundamento teológico del estudio sobre María radica en su divina maternidad y, de ella, en la asociación íntima y activa que tuvo en la realización de los planes divinos, por medio de su único Hijo, en orden a la salvación de los hombres.</p>
<p>Con razón los santos Padres estimaron que María no fue un simple instrumento pasivo, sino que cooperó de manera activa a la salvación humana por medio de su fe y libre obediencia.</p>
<p>En resumen, la razón última de una teología sobre María radica en el modo como quiso Dios que se llevara a cabo la Redención. Ella estuvo asociada a su Hijo, el Redentor, de tal manera que juntamente con El quebrantó la cabeza a la serpiente infernal, obteniendo así un señalado triunfo.</p>
<p>La respuesta de María al ángel: &#8220;He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra&#8221; (Lc. 1,38), nos da la clave para poder constatar que María está en el corazón mismo del misterio de Cristo y su Obra; y, sobre todo, no porque Ella se haya colocado ahí usurpando ese sitio, sino puesta por Dios mismo. De ahí las palabras suyas &#8220;según tu palabra&#8221;, que son la respuesta a los planes de Dios. Dios quiere contar con Ella, precisamente, como Madre de su Hijo, el Redentor, y que Ella misma sea Corredentora. Así lo anunció a nuestros primeros Padres -Adán y Eva- (cfr. Gén 3 15) lue o a los Profetas (cfr. Is. 7,14).</p>
<p>Al aceptar María su divina maternidad y formarse jesús en su seno, no sólo se está formando el Jesús hecho hombre, Jesús histórico que vivió en Palestina hace dos mil años, sino también la cabeza de un gran Cuerpo místico; ha comenzado a constituirse un gran organismo que es el &#8220;Cristo místico&#8221; que será la Iglesia. María, por tanto, interviene de modo activo en la obra de la redención y, por ello, es pieza clave de la historia de la salvación (cfr. Conc. Vat. II, Const. dogm. Lumen gentium, nn.60- 62).</p>
<p>Si bien, antes se dijo que no era suficiente que la Sagrada Escritura hablara de María y tampoco bastaba la consideración de sus &#8220;privilegios personales&#8221; para justificar un estudio teológico sobre Ella, ahora, una vez asegurado su papel activo en la obra de la Redención, Ella es objeto de la Teología porque así lo enseña la Revelación -como atestiguan las fuentes- ocupando el lugar que le corresponde y teniendo como centro a Cristo, Mediador y Redentor.</p>
<p><strong>EL PROTESTANTISMO Y LA MARIOLOGÍA</strong></p>
<p>Por su misión activa y singular en la obra de la Redención, la Virgen María tiene un lugar propio en los tratados de la Teología y, por lo mismo, se justifica el culto y la devoción que la Iglesia le profesa.</p>
<p>La misión privilegiada de María toca uno de los nervios más sensibles del protesta ntisni o y afecta en el centro de sus doctrinas. En efecto, ellos sostienen que sólo Cristo es el único Mediador y el único Redentor -excluyendo de raíz cualquier otro tipo de mediación-; además de negar la libertad del hombre para cooperar positivamente con Dios, de ahí que digan que el hombre se salva por la sóla &#8220;fe fiducial&#8221; en Jesucristo,- y no admiten el papel que libre y activamente desempeñó María en la obra de su Hijo y, en consecuencia, tampoco admiten la validez de un culto y devoción a Ella. Es aquí donde surgen las principales dificultades teológicas entre protestantes y católicos.</p>
<p>Al decir protestantismo -término genérico que se aplica a las diversas sectas- nos referimos a los protestantes que provienen de Lutero, Zwinglio y Calvino.</p>
<p>Martín Lutero fue un hombre que vivió atormentado por la angustia de su propia salvación. Ese temor le condujo al pesimismo y al error de afirmar que, por el pecado original, el hombre quedó corrompido en su naturaleza y libertad e incapaz de poder merecer para la vida eterna por las buenas obras que pudiera realizar. Por tanto, al ser radicalmente pecador, sólo puede confiar en que Dios &#8220;no le impute&#8221; -no le tome en cuenta, mire con disimulo- sus pecados y, permaneciendo pecador, pueda salvarse.</p>
<p>Las dificultades de la doctrina protestante respecto a la Teología católica consisten en el rechazo de la enseñanza sobre la justificación cristiana y la corredención mariana.</p>
<p>La Iglesia entiende como justificación &#8220;el traslado del estado en el que el hombre nació como hijo del primer Adán, al estado de gracia y de adopción entre los hijos de Dios por medio del segundo Adán, Jesucristo, Salvador nuestro&#8221; (Conc. de Trento, DZ. 796). Lo anterior supone dos aspectos simultáneos, por el primero se consigue la verdadera remisión de los pecados, por el segundo, la renovación y santificación del hombre interior, por obra de la gracia de Dios (cfr. DZ. 799).</p>
<p>Para Lutero, en cambio, la justificación consiste en el simple encubrimiento de los pecados, fruto de la misericordia divina, pero no en la remisión de los mismos ni en la infusión de la gracia.</p>
<p>Por otra parte, admitir que algo creado o alguna persona humana pudiera tener un influjo positivo en la obra de la Redención, como es el caso de la Virgen María -según el protestantismo— destruye la exclusividad del único Mediador y Redentor que es Jesucristo. En otras palabras, la existencia misma de la Mariología tiene como fundamento un motivo que el protestantismo jamás podrá aceptar sin negarse a sí mismo.</p>
<p>El Concilio Vaticano II y el magisterio de Juan Pablo II nos presentan a María como Madre de Jesucristo y Madre de la Iglesia, maternalmente presente y activa en toda la vida y apostolado de la Iglesia: como insustituible componente, por la providencial voluntad del Padre, que nos ha dado por medio de María al Salvador y Fundador de la Iglesia; indisolublemente asociada al Hijo en toda la historia de la salvación (cfr. Const. dogm. Lumen gentium, cap. VIII y Enc. Redemptoris Mater).</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Fuente encuentra.com</p>
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		<title>Quiero ir a Jerusalén</title>
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		<pubDate>Sun, 06 May 2012 20:40:11 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Administrador</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Los parroquianos le habían escuchado muchas veces decir que no deseaba ir a Jerusalén. Y no comprendían las razones del padre abad.
Un buen día, el padre abad cambió de parecer. Se dio cuenta de que había ordenado sus pensamientos de un modo nuevo, y que entonces la idea de ir a Jerusalén era no sólo... <a href="http://parroquiadesandiego.co.cr/quiero-ir-jerusaln/"> [Continuar Leyendo]</a>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Los parroquianos le habían escuchado muchas veces decir que no deseaba ir a Jerusalén. Y no comprendían las razones del padre abad.</p>
<p><a href="http://parroquiadesandiego.co.cr/wp-content/uploads/2012/05/notred1.jpg"><img class="alignnone size-thumbnail wp-image-9398" title="notred1" src="http://parroquiadesandiego.co.cr/wp-content/uploads/2012/05/notred1-150x150.jpg" alt="" width="150" height="150" /></a>Un buen día, el padre abad cambió de parecer. Se dio cuenta de que había ordenado sus pensamientos de un modo nuevo, y que entonces la idea de ir a Jerusalén era no sólo interesante, sino incluso maravillosa y buena.</p>
<p>Preparó una nota para el boletín parroquial y la publicó la siguiente semana:</p>
<p>&#8220;Queridos parroquianos. Muchos de ustedes me han oído decir que no deseaba ir a Jerusalén. Incluso cuando se organizó, hace tres años, una peregrinación a Tierra Santa, me negué a participar.</p>
<p>Después de haberlo pensado y, sobre todo, después de haberlo meditado ante el Señor, ahora sí quiero ir a Jerusalén.</p>
<p>Quiero ir a Jerusalén precisamente por los motivos que antes me hacían mantenerme lejos de la Ciudad Santa.</p>
<p>Porque en Jerusalén, hoy como hace 20 siglos, encontraré personas que aman a Jesús, y personas que lo odian. Porque veré entre sus calles y sus muros a mercaderes que buscan hacer negocio de las cosas de Dios, y a hombres y mujeres que pretenden sólo ayudar a sus hermanos. Porque percibiré con pena divisiones y odios que separan a los seres humanos que viven en ese pequeño rincón del planeta, y gestos de perdón que permiten avanzar hacia la paz y la justicia.</p>
<p>Quiero ir a Jerusalén para tocar, como el Maestro, la grandeza y la miseria del corazón humano. Porque yo mismo le he aplaudido, como el Domingo de Ramos, para luego negarle miserablemente como Pedro horas antes de llegar al Calvario. Porque yo mismo me he preocupado más por la propia comodidad que por la justicia. Porque he vivido más para mí mismo que para mis hermanos.</p>
<p>Quiero ir a Jerusalén para seguir las huellas del Nazareno camino del fracaso. Porque no soy auténtico discípulo si no aprendo a morir a mí mismo. Porque no soy verdadero católico si no busco, en cada momento de mi vida, realizar la Voluntad del Padre.</p>
<p>Quiero ir a Jerusalén para entristecerme cuando alguien me insulte por ser cristiano, y para dejarme consolar cuando alguien tienda su mano hacia mí, por encima de las diferencias que nos separan.</p>
<p>Quiero aprender de nuevo, en esa ciudad que es un poco como el mundo entero, que las divisiones nacen del egoísmo y de la falta de apertura a Dios, y que la unión inicia cuando decimos, sencillamente, como un centurión junto a la Cruz del Nazareno: <em>Verdaderamente éste era Hijo de Dios</em> (Mt 27,54).</p>
<p>En pocas palabras, quiero ir a Jerusalén para recordar el inicio de mi amada Iglesia, entre las miserias de la cobardía humana y el valor que surge cuando acogemos, como María y los Apóstoles, el soplo incontenible del Espíritu&#8221;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Autor: P. Fernando Pascual LC | Fuente: Catholic.net</p>
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