María Estela Monterrosa
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Cuando una pareja desea un hijo, el anuncio de que éste por fin viene en camino es motivo de gran alegría. La familia celebra su llegada e inicia los preparativos para recibirlo.
Así fue también para Sonia y Sergio cuando se enteraron de que Isaac estaba en camino. Este joven matrimonio alajuelense recibió la noticia de su segundo embarazo en noviembre del 2010 y estaban muy felices a pesar del temor, porque en el primer embarazo sufrieron una pérdida en las primeras siete semanas.
Con el paso del tiempo todo parecía normal, cumplieron cuatro meses de embarazo y tenían ansias de saber si el bebé era niño o niña. “¡Teníamos una ilusión tan increíble! Pero esa ilusión nos duro muy poco, en nuestros corazones había una inquietud, entramos al consultorio y al empezar el ultrasonido el gesto de la doctora nos alarmó y mi corazón ya presentía que el bebé no estaba bien”, recordó Sonia Barrantes.
Al preguntarle a la médica ella les dio una triste noticia: el bebé tenía síntomas de anencefalia (ausencia de una gran parte del cerebro y del cráneo).
“Sentimos que el mundo se nos acababa; la doctora nos mandó exámenes para descartar, pero todo salió igual. En medio de la desesperación le preguntamos a la doctora si había una solución”, comentó Sonia. Sin embargo, la respuesta que tuvieron fue “solo esperar”. De hecho, la anencefalia es usualmente mortal en cuestión de días.
“Preguntamos si se podría hacer un aborto, hicimos todos los trámites; pero aquí no es permitido, entonces lo quisimos hacer por medio de la psicología, ya que mi estado emocional era muy fuerte, hasta llegué a pensar en el suicidio…”, recordó Sonia.
Los días pasaron sin que el matrimonio tuviera respuesta. Una amiga cercana le recomendó a Sonia que no abortara. “Me decía que podía ocurrir algún milagro, pero en mi mente me dolía lo que me decía porque nadie sabía lo que estábamos pasando”, comentó.
Y Dios actuó
Esa amiga le dio una dirección de una página en Internet, en donde, según dijo, podría encontrar relatos de milagros que le habían sucedido a otras mujeres. “La verdad, nunca apareció nada de eso, al lado izquierdo de la pantalla había un cuadrito que decía “ayuda”, entré y encontré varios nombres de personas, pero Dios quiso que eligiera uno muy especial, su nombre es Jorge Scala”, dijo Sonia.
Ella le envío un correo a Jorge Scala, quien es un abogado argentino y autor de libros sobre género, derechos humanos, vida y familia. En su mensaje, le contaba lo que les estaba sucediendo y le pidió ayuda para agilizar el trámite del aborto.
“Jamás pensé que me contestaría tan rápido, pero lo hizo. Leí el correo que tenía palabras muy duras, pero reales. Entendí que le tenía que entregar todo el amor a mi bebé y nosotros no éramos quienes para disponer sobre su vida. Dios nos lo había prestado y era Él quien tenía la hora y el momento para el bebé”, comentó Sonia.
De inmediato le informó a su esposo, Sergio Bolaños, que ya no iba a abortar, aunque la situación era difícil ella dejó todo en manos de Dios.
Isaac vivió 8 meses y 2 semanas en el vientre de su madre, “pero en nuestros corazones vive siempre, porque él vino a enseñarnos a luchar y a ayudar a los demás, porque si él luchó desde mi vientre nosotros también tenemos que hacerlo”.
Fuente elecocatolico.org




Que bueno que hayan decidido tener al bebé,ellos son bendiciones de Dios que sin duda traen un próposito,yo también soy de Costa Rica y tuve una hermosa hija con anencefalia,a la que le entregué todo mi amor.